Crónicas del Gueto Gay en Guadalajara.
Esta vez me gustaría escribir acerca del gueto Gay: de los antros, bares y cafés que una sociedad
hipócrita con su sexualidad destina para nuestra convivencia, relajación y diversión después de nuestras actividades laborales, escolares, familiares y/o hogareñas.
En una reunión con colegas activistas trans-lesbo-gays-feministas,
llegamos a la conclusión de que el 2017 iba a ser un año lleno de sorpresas en
nuestras agendas mariconas. No nos equivocamos y tampoco imaginamos que la
movilización comenzaría tan rápido. No llevábamos ni 20 días de iniciado el
año cuando nos enteramos que dos
compañeras lesbianas fueron discriminadas en un café llamado “48”, un bohemio
lugar conservador que decidió sacar toda su lesbofobia y servir café con la
misma.
Ante los hechos a
muchas colectivas y activistas independientes
no nos quedó de otra más que colocar acciones rápidas en nuestras
agendas. Algunas y algunos nos manifestamos frente al café, llevamos las consignas
que año con año nos han acompañado en la lucha y exigimos se pidiera una
disculpa pública a las compañeras directamente afectadas y de paso a todas
nosotras que nos posicionamos todo el año en contra de hechos y acciones que
denigran nuestras orientaciones e identidades sexuales.
Otros por su parte acompañaron el proceso de denuncia, y otras tantas personas se encargaron de la
labor mediática de los hechos para colocarlo en el debate público, etc. Un trabajo en conjunto que confirmo que la
movilización y trabajo en materia de derechos humanos y diversidad sexual
tenían que comenzar.
Todo el asunto del café 48 fluyó bien, la denuncia en
diferentes esferas se logró y el café al parecer no le quedaran ganas de
discriminar a alguien por todos los comentarios emitidos en su página de FACEBOOK.
Compañeras y compañeros LGBTTI fueron días después al café con sus parejas y dieron testimonio de cómo los meseros les dieron un trato preferente y excelente argumentado que el lugar era un sitio libre de discriminación.
Tal vez sea su miedo a la pérdida de beneficios económicos y su acto de supuesta inclusión sea hipócrita, pero por lo menos mostraron miedo y se la pensaran más de dos veces antes de correr a alguien del establecimiento por su orientación sexual.
Compañeras y compañeros LGBTTI fueron días después al café con sus parejas y dieron testimonio de cómo los meseros les dieron un trato preferente y excelente argumentado que el lugar era un sitio libre de discriminación.
Tal vez sea su miedo a la pérdida de beneficios económicos y su acto de supuesta inclusión sea hipócrita, pero por lo menos mostraron miedo y se la pensaran más de dos veces antes de correr a alguien del establecimiento por su orientación sexual.
Días más tarde nos enteramos del asesinato de una compañera
trans en uno de los antros Gays más populares de la ciudad: el caudillos. Ella
recibió adentro del bar de 2 a 3 balazos en el torax y la echaron del bar bañada en sangre lo que ocasionó
su muerte en plena calle, y como es una
tremenda costumbre normalizada, el caso es poco claro y sigue impune.
No es la primera vez que en el caudillos se reportan
agresiones y violencias como este lamentable hecho. Recuerdo que el día del
PRIDE GDL ( por allá en Junio del 2015), dos amistades y yo pasábamos por la zona
cuando vimos como arrojaron a la calle a una compañera trans quien había
recibido un ataque en el cuello con una botella de cerveza quebrada .
Está mujer Trans se enontraba tirada en la calle y las personas trabajadoras del antro seguían cobrando los respectivos cover a la enorme fila que abarcaba por lo menos una cuadra que pretendía ingresar a consumir dentro cómo si nada pasara. Poca gente se inmutaba ante los hechos.
Está mujer Trans se enontraba tirada en la calle y las personas trabajadoras del antro seguían cobrando los respectivos cover a la enorme fila que abarcaba por lo menos una cuadra que pretendía ingresar a consumir dentro cómo si nada pasara. Poca gente se inmutaba ante los hechos.
No conformes con la violencia redactada hasta ahorita,
ocurrió una más y no menos desagradable:
Una madre de familia reportaba en facebook que su hijo, un hombre gay, había sido agredido al salir de otro famoso Bar ubicado en la calle Enrique González Martínez. Ella subió a su muro unas imágenes de su hijo totalmente golpeado en distintas zonas del cuerpo y en su redacción decía que lo habían sacado del lugar para llevárselo a otro lado donde lo golpearon de una manera totalmente brutal.
Una madre de familia reportaba en facebook que su hijo, un hombre gay, había sido agredido al salir de otro famoso Bar ubicado en la calle Enrique González Martínez. Ella subió a su muro unas imágenes de su hijo totalmente golpeado en distintas zonas del cuerpo y en su redacción decía que lo habían sacado del lugar para llevárselo a otro lado donde lo golpearon de una manera totalmente brutal.
El dichoso bar días después reportó en su página que iba a
permanecer cerrado por remodelación. ¿Casualidad o estrategia?, no sabemos. Lo
que es cierto es que nuevamente los hechos son poco claros y por supuesto no hay culpables, seguimos en el “Aquí no pasa
nada, comadres”.
Los guetos Gays son
zonas que nacen a partir del aislamiento y
marginación social de nuestra condición de hombres y mujeres trans, lesbianas, bisexuales,
intersexuales o gays. El sector empresarial sabe de ello y ve las enormes
ganancias que eso puede generar: son sitios poco regulados que necesitan de una
mínima inversión. Las instalaciones suelen ser deplorables, no hay salidas de
emergencia, básicamente con que exista chela y música ya están del otro lado
para generar dinero.
La comunidad LGBTTI se
pone poco exigente, y no porque tengamos mal gusto, seamos conformistas o que esas condiciones nos
parezcan las adecuadas para nuestra
socialización, sino porque tenemos una
sociedad y cultura que otorga todos los privilegios a un sólo estilo de vida
que tiene la supremacía: la heterosexualidad. Lo que nos deja esta sociedad excluyente son espacios delimitados y bien definidos donde se nos aisla y nos vende la falsa idea de que ahí si podemos ser nosotras y nosotros mismos.
Mientras existan cafés como el 48 que se muestren renuentes
hacia nuestras prácticas de afecto, seremos arrojadas a acudir a las zonas como la
rosa de Guadalajara, que la sabemos insegura y violenta, con antros y bares en precarias condiciones.
Es hora de mantenernos alertas y denunciar toda muestra
discriminatoria heterosexual en los establecimientos, y también es hora de
exigir a los guetos seguridad y buenas condiciones para nosotras. Despertemos
como comunidad y destruyamos el gueto rosa.
Beber cerveza en un lugar que sabemos violento y no hacer
nada, es otra de las forma de opresión.
