martes, 23 de julio de 2019

¿Que onda con nuestras prácticas entre chicos gay?


¿Cómo nos atraviesa a los hombres gays el mandato de la masculinidad?

Crear una ética entre hombres gays implica ir reconociendo nuestras violencias dentro del mismo colectivo. No estamos exentos de un comportamiento patriarcal donde constantemente convertimos nuestros espacios en lugares hostiles para socializar.
Si visibilizamos y reconocemos todos esos momentos donde hemos actuado desde la violencia hacia otros hombres gay, podremos trabajar para vivirnos en áreas de buentrato entre nosotros.

Somos un colectivo discriminado en muchas áreas de la vida cotidiana, y el patriarcado nos enseña a destruirnos entre nosotros, precisamente para no generar alianzas propositivas para la igualdad y la no discriminación.

Nuestra complicidad va dirigida  a seguir reproduciendo el machismo con su dosis de misoginia y homofobia. Estaría excelente que esa misma complicidad entre varones la utilizáramos para derribar a ese monstruo de múltiples tentáculos que está acabando con nuestras vidas y la de las demás personas.

Crear una nueva ética entre hombres gays implicaría fuertes dosis de reflexión interior para acabar con nuestras conductas destructivas y comenzar a vivir libres de violencias.

Dejo algunos puntos que desde lo personal observo constantes en muchos de nosotros y  donde creo que tenemos un fuerte trabajo  por realizar:

ü  Clasismo. Dividiendo y señalando a otros hombres por como visten, si tienen ropa de marca y si se representan o no con los modelos norteamericanos de ser Gay. Adjudicar el valor a las personas a través de si tienen el dinero suficiente para gastarlo en los mejores lugares de “moda gay” del momento.

ü  Racismo. Señalar a otros hombres por su color de piel e ir utilizando expresiones  del tipo “prieto”, “cara de artesanía prehispánica”, “inidio” etc. Creer que la piel blanca te da un estatus social mucho más alto.

ü  La creencia de que nuestros cuerpos no están bien si no tienen los suficientes musculosos y comenzar a derrochar grandes cantidades de dinero en productos que incluso llegan a afectar nuestra salud, y rechazar a otros hombres por el simple hecho que no lucen una estética corporal alineada con el gimnasio.

ü  A partir del punto anterior, mostrando una conducta gordofóbica  expresando incluso odio por los cuerpos gordos. Constantes burlas y rechazo.

ü  Cosificación de cuerpos.  Nuestra sexualidad masculina se expresa a través de prácticas de penetración, traducidas simbólicamente en dominación. Creer que en el acto sexual “me lo cogí”  o “me cogió” es parte de una cultura de la conquista hacia el cuerpo del otro que termina siendo deshumanizante.

ü  El uso de la pornografía desmedido con contenidos sumamente violentos 

ü  Todas las veces que faltamos al acuerdo de exclusividad sexual con nuestras parejas sexo-afectivas. La infidelidad ha estado incrustada en la subjetividad de muchos hombres a través de dispositivos machistas que nos hacen creer que nuestra sexualidad debe ser incontenible e insaciable.

ü  El uso que se le suele dar a redes sociales como grindr. El menú de estas plataformas muestran partes de cuerpos fragmentados donde la valía de alguien se enfoca en qué tipo de corporalidad tienes y si eres lo “suficientemente masculino”. La descripciones que se colocan suelen estar orientadas a la potencia sexual donde se manifiesta y se hace énfasis en el tamaño del pene. Las conversaciones privadas son monótonas y repetitivas donde los valores de cada persona se resumen al “rol sexual”, a si “tienes lugar”, “cuanto te mide”, solicitar el pack o si estás dispuesto a tener prácticas sin condón.

ü  Pasivo y activo. Creer que para relacionarnos lo debemos hacer a partir de estos dos únicos roles que representan la masculinidad y feminidad. Nos encasillamos y la gestión de nuestras relaciones se basan asumiendo que si me represento como el pasivo soy “como una mujer” y si presento el rol activo soy “como el hombre de la relación”.

ü  Criticando destructivamente a otros hombres gays por sus prácticas sexuales y evidenciando con quien se acuestan y nombrándolos incluso como ”putas” o “zorras”.

ü  Mostrar sin el consentimiento del otro fotografías íntimas mejor conocidas como el pack, incluso publicándolas en redes sociales como twitter.

ü  Criticando a mujeres y señalándolas de "fachosas" si es que no se acoplan a los roles de la feminidad.  En ocasiones se escuchan bastantes comentarios del tipo “es que yo cojo mejor que su novia”, o “tengo mejor cuerpo que su novia” denigrando así a las mujeres bajo un comportamiento machista del ser gay.

ü  De la misma forma que a las mujeres, señalar a otros hombres gays  de “malvestidos” o “desalineados”.

ü  En relaciones de noviazgo con otros hombres mostrarse competitivo por quien es más guapo, exitoso o popular, dicho de otra forma: competir por quien tiene mayor poder en la relación.

ü  Cuestionando la vida sexual de otros hombres gay, indagando con quienes se han acostado o cuanto tiempo pasan en grindr. 

ü  Hablar sobre los novios de mis amigos o conocidos dando descalificativos donde todo se resume a si son “feos” o “guapos”.

ü  Limitar nuestras prácticas sexuales   a actos de penetración.

ü  Sólo procurar mi propio placer e ignorar el del otro y no dialogar sobre el consentimiento dentro de las prácticas sexuales.

ü  El cruising y sus formas de operar donde los otros sólo son objetos para ser utilizados, ya que no  interesa ni siquiera su nombre o los diálogos personales son casi nulos dentro de estos espacios.

ü  Erotizar la cultura de la violación llegando a abusar de otros hombres que se encuentran bajo efectos del alcohol o las drogas e incluso llegar a divulgarlo en redes sociales o páginas pornográficas. 

ü  Siendo lesbofobicos señalando a mujeres lesbianas de agresivas, feas o cuestionando su sexualidad por no tener un pene.

ü  Siendo un hombre narcisista creyéndose mejor que los demás compitiendo en  un terreno capitalista y consumista con los otros.

ü  Siendo transfobicos, pensando que ser una “vestida” es denigrante y que eso nos representa negativamente al colectivo gay en la sociedad, porque desde luego: “si uno es hombre, hay que comportarse como tal para ser aceptado".

üNormalizar el "Bufe" entre nosotros como una práctica divertida. 

ü  La adoración a la masculinidad casi como un culto. Lo vemos representado en todos los contenidos y  publicidad Gay con un estereotipo masculinizado  bastante marcado.

Seguramente queden muchos puntos sin colocarse aquí, sin embargo estas reflexiones deberían  implicarnos a todos los hombres que nos vivimos desde los ámbitos homosexuales y ambientes gay. 

Quisiera invitar a la posibilidad de colocar otras formas y vivencias donde tenemos trabajo por hacer, ya que eso daría mayor amplitud en el tema que no puede seguir siendo ignorado por nosotros.

¡CUIDEMOS DE NUESTRAS PRÁCTICAS, CUIDEMOS DE LOS OTROS!