domingo, 15 de octubre de 2017


Entre “Activos”  y “Pasivos”.

Es interesante el modo de socializar que tenemos los varones, nos educan desde muy pequeños a ver la vida de una manera acelerada, en cada espacio y contexto  tienes que mostrarte precoz para recibir premios y aplausos por haber reafirmado esa categoría cultural llamada masculinidad.

Sin duda la sexualidad es uno de los espacios donde recae gran peso para definirnos y percibirnos en el mundo como hombres. De acuerdo con Ivonne Szas teórica y estudiosa de la sexualidad masculina en México, “la sexualidad no aparece únicamente como expresión del erotismo, sino como una de las principales formas de representación y reafirmación de la masculinidad. A través de la sexualidad, entre otros atributos, se expresa y se mide el poder masculino y se marcan sus límites” (Szasz Ivonne, 2000).

La educación sexual hacia los hombres es casi nula en todas las esferas sociales. Los hombres por lo regular no tenemos el hábito de visitar al urólogo, terapeuta sexual o  cualquier experto o especialista que nos pudiera orientar en nuestras prácticas o problemáticas enfrentadas en las distintas áreas de nuestra sexualidad, nuestro aprendizaje sexual por lo general es instruido en espacios masculinos donde otros hombres hablan de sexo,  y de esa forma vamos escuchando e interiorizando  cómo se comportan los hombres a la hora de coger o masturbarse.

La educación sexual no la hemos encontrado en los libros de texto de educación básica,  ya que se encuentra limitada y regulada por las políticas conservadoras permeadas de pensamientos religiosos a sabiendas del código laico en nuestro país.

El conocimiento para desempeñar nuestra  sexualidad lo hemos adquirido la mayoría de las veces  a través de productos culturales  como la televisión, el cine, la publicidad, la música y por supuesto el internet que nos muestra la  pornografía muy accesible a la mano y ojos de quien sea .

Por supuesto esos productos culturales van bañados de sexismo, falocentrismo, misoginia y el tan caracterizado machismo de nuestras sociedades occidentales. A través de ese acompañamiento mediático y de la socialización en espacios masculinos donde se comparten experiencias con otros hombres resultan nuestras experiencias sexuales,  y cómo hombres suelen ser bastante limitadas, y no en el sentido de cantidad sino en cuanto a su calidad.

Para Eusebio Rubio, sexólogo mexicano con grandes aportes en la rama: “la sexualidad humana es el resultado de la integración de cuatro potencialidades que dan origen a los cuatro holones (o subsistemas) sexuales, a saber: el género, la vinculación afectiva  interpersonal, el erotismo y la reproductividad”. A través de estos holones es como vamos moldeando nuestra práctica sexual.

En cuanto al género los hombres realizamos roles sociales y culturales considerados masculinos con la función de diferenciarnos a toda costa de las mujeres, "recibimos   el mensaje de que no se es hombre mientras no se prueba serlo. La cultura provee caminos específicos para probar la masculinidad, entre los cuales las proezas sexuales ocupan un lugar preponderante”  (Szasz Ivonne, 2000). Es así como vamos adquiriendo estereotipos y comportamientos como el de ser un conquistador, tener múltiples encuentros sexuales y la amplia competencia con los otros  para ser merecedores del trofeo social de la figura viril.

La vinculación afectiva se encuentra bajo la normativa del binarismo genérico, ya que las emociones se van catalogando y asignando a uno u otro sexo. Por ejemplo a los hombres desde pequeños se nos dice que “los hombres no lloran”, llegamos a retener la tristeza  y la nostalgia con tal de probar en repetidas ocasiones que somos hombres de verdad.

Las emociones permisibles para que que los hombres visibilicen son las relacionadas con los detonantes de la violencia,  como por ejemplo la irá y el enojo. Las mujeres por su parte van aprendiendo que las emociones articuladas con el amor y la ternura definen su feminidad desarrollando fuertes vínculos amorosos con sus respectivas parejas.  

En las relaciones donde se vinculan las prácticas sexuales con otras personas, los hombres  vamos aprendiendo a presumir y resaltar únicamente la cantidad de encuentros sexuales que llegamos a tener, omitiendo las sensaciones y emociones en cada encuentro.

El erotismo es aquella capacidad corporal de encontrar placer a través de nuestros 5 sentidos, y los hombres limitamos esa amplia capacidad y gama de posibilidades eróticas a la genitalización y a un acto de penetración vaginal y anal. "Se vuelve un trinomio de la sexualidad masculina reducido a erección, penetración y eyaculación" (Guadamuz Álvaro, 2013). El erotismo y sus manifestaciones, en cuanto vivencia del placer , son mutilados por la definición del fin último de la sexualidad masculina resumidos en el trinomio.

“Existe una estrecha conexión simbólica entre masculinidad, penetración y erección. Los genitales masculinos representan valor, orgullo, prepotencia, fuerza, bienestar, y se pueden concebir separados del cuerpo, cobrando vida propia” (Szasz Ivonne, 2000) y a través de esa fuerte genitalización es como resultan identidades a través de nuestras prácticas sexuales que moldean la percepción de las demás personas y nos dan la pauta para autopercibirnos  en el mundo  como varones , debido a que el pene se constituye en un símbolo, significante y estandarte de la sexualidad masculina que  estructura y organiza la subjetividad masculina y su identidad. De ahí que el pene erecto es, para los hombres, símbolo de identidad masculina.

A través de los 4 holones de la sexualidad  vamos interceptando la heterosexualidad obligatoria que se vuelve un régimen estricto a seguir por todos los cuerpos que circulamos bio-politicamente por todo el tejido social. Los modelos que nos presentan a lo largo de nuestra vida son exclusivos de la heteronormatividad,  concepto implementado por teóricas feministas y lesbianas  como Monique Witting, quien nos dice que “es el orden político heterosexual el que produce la necesaria existencia de dos géneros para validar y reproducir su discurso”. De está manera ese régimen heteronormativo demanda la existencia de dos polos que se ven como complementarios a la hora de relacionarnos en el plano sexual  y organiza nuestras prácticas y deseos arraigados en el modelo de pareja heterosexual.

Los modelos de pareja lesbicos, bisexuales u homosexuales caen en la trampa de la heteronormatividad al ser el único modelo conocido y reproducido por toda la estructura social. A nuestras relaciones de pareja como personas con orientaciones e identidades LGBTTIQ les vamos encontrando lógica dentro del régimen social, cultural y político heterosexual que demanda una parte masculina y otra femenina, dos polos opuestos  que son percibidos como complementarios.

Los hombres que nos relacionamos con otros hombres aterrizamos la heteronormatividad  a través de las figuras del “activo” y “pasivo”. Estas dos categorías  en el orden simbólico definen quien es la parte masculina y quien representa la parte femenina. Esto se basa a partir de una práctica sexual muy popularizada en el ambiente Gay: la penetración anal.
La penetración anal llega a ser una forma obsesiva en la busqueda del sexo ya que simboliza la virilidad y masculinidad por los motivos anteriormente expuestos en la construcción sexual de los hombres.

Penetrar a lo largo de la historia ha simbolizado  el poderío masculino , ya que la sexualidad para los hombres es concebida “como un acto agresivo y sobre todo físico, de conquista, orientado hacia la penetración y el orgasmo, tiende a la posesión sin más, mera afirmación de la dominación en su estado puro” (Bourdieu Pierre, 2000).
A la hora de relacionarse en la intimidad sexual, se traspasa literalmente el sometimiento, control y subordinación de lo masculino por lo femenino, creando explayadas fantasías entre varones homosexuales a través de asumir dichos roles.

Quien desempeña el  rol pasivo en el acto sexual,  a través de ser penetrado funge la parte femenina subordinada del modelo heteronormativo y quien es el activo a través de penetrar representa  al macho dominante que subordina en ese mismo esquema de pensamiento. Es una complementariedad obligatoria para poder relacionarse en el mundo de los hombres, una lógica que guía y rige el comportamiento a la hora del ligue y de las relaciones homoeróticas.  

Muchos hombres Gay u homosexuales no conciben la idea de relacionarse con otro hombre que tenga el mismo rol en la práctica sexual anal . Aprenden a través de los diferentes dispositivos sociales, económicos y culturales que el sexo está basado exclusivamente en la penetración, omitiendo la  diversidad de prácticas eróticas que pueden llevar al orgasmo a través de experimentar con el cúmulo de posibilidades que nos dan todos nuestros sentidos corporales.

Esas ideas vienen de un sistema machista que da forma a la heteronorma y cultura falocéntrica que cosifica sexualmente a los cuerpos, retirando incluso la identidad de una persona compuesta por infinidad de experiencias y componentes físicos. Dentro de la lógica del ser "activo" o "pasivo" , toda nuestra identidad y todo lo que somos se ve reducido  a nuestros genitales que pueden embonar o no embonar con lo que busco.

A la hora del  ligue se vuelve primordial saber si  eres activo o pasivo,  ya que para muchos eso bastará para saber si existe alguna especie de química entre ambos que les permita relacionarse de una manera afectiva en una relación erótica o de noviazgo. “No importa si tenemos gustos similares y todo lo que podamos tener en común, si yo soy pasivo buscaré a alguien que se asuma activo y viceversa”, en muchos varones Gay sólo eso bastará para saber si se puede seguir o no en una relación con sentido sexual, erótico y  afectivo con otro varón, por que si el hombre que me gusta  se  asume con el mismo rol que yo, entonces sólo podremos ser amigos dentro de esa lógica.

Es importante someter a cuestionamiento estas dinámicas a la hora de socializar en el ambiente y espacios entre hombres Gay, si no colocamos una mirada crítica a nuestras prácticas sexuales corremos el riesgo de limitarnos y de dejar pasar una gran cantidad de personas con las cuales podemos construir relaciones de noviazgo saludables o tener prácticas sexuales placenteras, conscientes e informadas.

No todo en la relación de pareja es penetración anal, ese es un invento del machismo para legitimar la masculinidad hegemónica y dominante. El erotismo es un gran abanico de posibilidades que nos puede llevar a orgasmos sumamente placenteros sin necesidad de penetrar o dejarse penetrar por el ano.

Efectivamente dentro del erotismo  se encuentra  la práctica sexual anal,  y por supuesto que es placentera, nos puede llevar a muchos y excelentes orgasmos sabiéndola realizar,  y en definitivo podríamos encontrarla entre nuestras prácticas favoritas, sin embargo no hay que verla como un todo, como lo que defina por completo a una persona,  ya que existen actitudes, aptitudes, capacidades, sentimientos y demás cualidades en otros hombres que van más allá de si es pasivo o activo. Puedo hacer Clic y formar experiencias agradables viendo todos  los componentes de una persona. Se vuelve una dinámica sumamente excluyente seleccionar personas con las que me puedo relacionar sexualmente únicamente a través de fijarme en una sola práctica sexual.

Muchas relaciones de noviazgo entre hombres gay que pudieran ser bonitas, solidas y duraderas no se dan, únicamente por la cuestión de si es pasivo o activo. Otras relaciones que se aventuran  llegan a terminar por que no consideran que puedan obtener placer de otras formas. Cuando te gusta o amas a otra persona basta con echarle un poco de creatividad para lograr averiguar las diferentes maneras en las cuales podemos satisfacer nuestros deseo,  incluso, y me atrevo a decirlo, de una manera mucho más placentera.

A los hombres Gay nos atraviesa mucho la construcción de la masculinidad, y por supuesto no estamos exentos de ser sujetos machistas y  limitados sexualmente. Es parte de nuestra tarea derribar esas estructuras que terminan por crear y recrear la homofobia. Propongan con sus parejas, ligues y aventuras nuevos modelos de relacionarse y socializarse. Los hombres y mujeres LGBTTIQ podemos deconstruir todo un sistema que ha sido opresor en distintas áreas de nuestra vida, evidenciamos la diversidad humana y eso da para mucho más que ser una simple copia del modelo y régimen heterosexual.


Bibliografía:
       BORDIEU, Pierre (1998), La Dominación Masculina. Paris:  Éditions du Seuil.
CONNEL, Robert (2000), La Organización Social de la Masculinidad, DF, México: Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales.
Campos Guadamuz, Álvaro. Masculinidades en Centro América
Rubio E. Introducción al estudio de la sexualidad humana: Conceptos básicos en sexualidad humana. En: Consejo Nacional de Población, "Antología de la Sexualidad Humana". Tomo I. Consejo Nacional de Población- Miguel Ángel Porrúa. México. 1994
Sáez, Javier (2011). “Por el culo, políticas anales”. Editorial Egales, España.

SZASZA, Ivonne. (2000), Varones mexicanos: Género, sexualidad y salud reproductiva. Debate Feminista, 186-199.