Entre “Activos” y
“Pasivos”.
Es interesante el modo de
socializar que tenemos los varones, nos educan desde muy pequeños a ver la vida
de una manera acelerada, en cada espacio y contexto tienes que mostrarte
precoz para recibir premios y aplausos por haber reafirmado esa categoría cultural
llamada masculinidad.
Sin duda la sexualidad es
uno de los espacios donde recae gran peso para definirnos y percibirnos en el
mundo como hombres. De acuerdo con Ivonne Szas teórica y estudiosa de la
sexualidad masculina en México, “la sexualidad no aparece únicamente como
expresión del erotismo, sino como una de las principales formas de
representación y reafirmación de la masculinidad. A través de la sexualidad,
entre otros atributos, se expresa y se mide el poder masculino y se marcan sus
límites” (Szasz Ivonne, 2000).
La educación sexual hacia
los hombres es casi nula en todas las esferas sociales. Los hombres por lo
regular no tenemos el hábito de visitar al urólogo, terapeuta sexual o
cualquier experto o especialista que nos pudiera orientar en nuestras
prácticas o problemáticas enfrentadas en las distintas áreas de nuestra
sexualidad, nuestro aprendizaje sexual por lo general es instruido en espacios
masculinos donde otros hombres hablan de sexo, y de esa forma vamos
escuchando e interiorizando cómo se comportan los hombres a la hora de
coger o masturbarse.
La educación sexual no la
hemos encontrado en los libros de texto de educación básica, ya que se
encuentra limitada y regulada por las políticas conservadoras permeadas de
pensamientos religiosos a sabiendas del código laico en nuestro país.
El conocimiento para
desempeñar nuestra sexualidad lo hemos adquirido la mayoría de las veces
a través de productos culturales como la televisión, el cine, la
publicidad, la música y por supuesto el internet que nos muestra la
pornografía muy accesible a la mano y ojos de quien sea .
Por supuesto esos
productos culturales van bañados de sexismo, falocentrismo, misoginia y el tan
caracterizado machismo de nuestras sociedades occidentales. A través de ese
acompañamiento mediático y de la socialización en espacios masculinos donde se
comparten experiencias con otros hombres resultan nuestras experiencias
sexuales, y cómo hombres suelen ser bastante limitadas, y no en el
sentido de cantidad sino en cuanto a su calidad.
Para Eusebio Rubio,
sexólogo mexicano con grandes aportes en la rama: “la sexualidad humana es el
resultado de la integración de cuatro potencialidades que dan origen a los
cuatro holones (o subsistemas) sexuales, a saber: el género, la vinculación
afectiva interpersonal, el erotismo y la reproductividad”. A través de
estos holones es como vamos moldeando nuestra práctica sexual.
En cuanto al género los
hombres realizamos roles sociales y culturales considerados masculinos con la
función de diferenciarnos a toda costa de las mujeres, "recibimos
el mensaje de que no se es hombre mientras no se prueba serlo. La
cultura provee caminos específicos para probar la masculinidad, entre los
cuales las proezas sexuales ocupan un lugar preponderante” (Szasz Ivonne,
2000). Es así como vamos adquiriendo estereotipos y comportamientos como el de
ser un conquistador, tener múltiples encuentros sexuales y la amplia
competencia con los otros para ser merecedores del trofeo social de la figura
viril.
La vinculación afectiva se
encuentra bajo la normativa del binarismo genérico, ya que las emociones se van
catalogando y asignando a uno u otro sexo. Por ejemplo a los hombres desde
pequeños se nos dice que “los hombres no lloran”, llegamos a retener la
tristeza y la nostalgia con tal de probar en repetidas ocasiones que
somos hombres de verdad.
Las emociones permisibles
para que que los hombres visibilicen son las relacionadas con los detonantes de
la violencia, como por ejemplo la irá y el enojo. Las mujeres por su
parte van aprendiendo que las emociones articuladas con el amor y la ternura
definen su feminidad desarrollando fuertes vínculos amorosos con sus
respectivas parejas.
En las relaciones donde se
vinculan las prácticas sexuales con otras personas, los hombres vamos
aprendiendo a presumir y resaltar únicamente la cantidad de encuentros sexuales
que llegamos a tener, omitiendo las sensaciones y emociones en cada encuentro.
El erotismo es aquella
capacidad corporal de encontrar placer a través de nuestros 5 sentidos, y los
hombres limitamos esa amplia capacidad y gama de posibilidades eróticas a la
genitalización y a un acto de penetración vaginal y anal. "Se vuelve un
trinomio de la sexualidad masculina reducido a erección, penetración y
eyaculación" (Guadamuz Álvaro, 2013). El erotismo y sus manifestaciones,
en cuanto vivencia del placer , son mutilados por la definición del fin último
de la sexualidad masculina resumidos en el trinomio.
“Existe una estrecha
conexión simbólica entre masculinidad, penetración y erección. Los genitales
masculinos representan valor, orgullo, prepotencia, fuerza, bienestar, y se
pueden concebir separados del cuerpo, cobrando vida propia” (Szasz Ivonne,
2000) y a través de esa fuerte genitalización es como resultan identidades a
través de nuestras prácticas sexuales que moldean la percepción de las demás
personas y nos dan la pauta para autopercibirnos en el mundo como
varones , debido a que el pene se constituye en un símbolo, significante y
estandarte de la sexualidad masculina que estructura y organiza la
subjetividad masculina y su identidad. De ahí que el pene erecto es, para los
hombres, símbolo de identidad masculina.
A través de los 4 holones
de la sexualidad vamos interceptando la heterosexualidad obligatoria que
se vuelve un régimen estricto a seguir por todos los cuerpos que circulamos
bio-politicamente por todo el tejido social. Los modelos que nos presentan a lo
largo de nuestra vida son exclusivos de la heteronormatividad, concepto
implementado por teóricas feministas y lesbianas como Monique Witting,
quien nos dice que “es el orden político heterosexual el que produce la
necesaria existencia de dos géneros para validar y reproducir su discurso”. De
está manera ese régimen heteronormativo demanda la existencia de dos polos que
se ven como complementarios a la hora de relacionarnos en el plano sexual
y organiza nuestras prácticas y deseos arraigados en el modelo de pareja
heterosexual.
Los modelos de pareja
lesbicos, bisexuales u homosexuales caen en la trampa de la heteronormatividad
al ser el único modelo conocido y reproducido por toda la estructura social. A
nuestras relaciones de pareja como personas con orientaciones e identidades
LGBTTIQ les vamos encontrando lógica dentro del régimen social, cultural y
político heterosexual que demanda una parte masculina y otra femenina, dos
polos opuestos que son percibidos como complementarios.
Los hombres que nos
relacionamos con otros hombres aterrizamos la heteronormatividad a través
de las figuras del “activo” y “pasivo”. Estas dos categorías en el orden
simbólico definen quien es la parte masculina y quien representa la parte femenina.
Esto se basa a partir de una práctica sexual muy popularizada en el ambiente
Gay: la penetración anal.
La penetración anal llega
a ser una forma obsesiva en la busqueda del sexo ya que simboliza la virilidad
y masculinidad por los motivos anteriormente expuestos en la construcción
sexual de los hombres.
Penetrar a lo largo de la
historia ha simbolizado el poderío masculino , ya que la sexualidad para
los hombres es concebida “como un acto agresivo y sobre todo físico, de
conquista, orientado hacia la penetración y el orgasmo, tiende a la posesión
sin más, mera afirmación de la dominación en su estado puro” (Bourdieu Pierre,
2000).
A la hora de relacionarse
en la intimidad sexual, se traspasa literalmente el sometimiento, control y
subordinación de lo masculino por lo femenino, creando explayadas fantasías
entre varones homosexuales a través de asumir dichos roles.
Quien desempeña el
rol pasivo en el acto sexual, a través de ser penetrado funge la
parte femenina subordinada del modelo heteronormativo y quien es el activo a
través de penetrar representa al macho dominante que subordina en ese
mismo esquema de pensamiento. Es una complementariedad obligatoria para poder
relacionarse en el mundo de los hombres, una lógica que guía y rige el
comportamiento a la hora del ligue y de las relaciones homoeróticas.
Muchos hombres Gay u
homosexuales no conciben la idea de relacionarse con otro hombre que tenga el
mismo rol en la práctica sexual anal . Aprenden a través de los diferentes
dispositivos sociales, económicos y culturales que el sexo está basado
exclusivamente en la penetración, omitiendo la diversidad de prácticas
eróticas que pueden llevar al orgasmo a través de experimentar con el cúmulo de
posibilidades que nos dan todos nuestros sentidos corporales.
Esas ideas vienen de un
sistema machista que da forma a la heteronorma y cultura falocéntrica que
cosifica sexualmente a los cuerpos, retirando incluso la identidad de una
persona compuesta por infinidad de experiencias y componentes físicos. Dentro
de la lógica del ser "activo" o "pasivo" , toda nuestra
identidad y todo lo que somos se ve reducido a nuestros genitales que
pueden embonar o no embonar con lo que busco.
A la hora del ligue
se vuelve primordial saber si eres activo o pasivo, ya que para muchos
eso bastará para saber si existe alguna especie de química entre ambos que les
permita relacionarse de una manera afectiva en una relación erótica o de
noviazgo. “No importa si tenemos gustos similares y todo lo que podamos tener
en común, si yo soy pasivo buscaré a alguien que se asuma activo y viceversa”,
en muchos varones Gay sólo eso bastará para saber si se puede seguir o no en
una relación con sentido sexual, erótico y afectivo con otro varón, por
que si el hombre que me gusta se asume con el mismo rol que yo,
entonces sólo podremos ser amigos dentro de esa lógica.
Es importante someter a
cuestionamiento estas dinámicas a la hora de socializar en el ambiente y
espacios entre hombres Gay, si no colocamos una mirada crítica a nuestras
prácticas sexuales corremos el riesgo de limitarnos y de dejar pasar una gran
cantidad de personas con las cuales podemos construir relaciones de noviazgo
saludables o tener prácticas sexuales placenteras, conscientes e informadas.
No todo en la relación de
pareja es penetración anal, ese es un invento del machismo para legitimar la
masculinidad hegemónica y dominante. El erotismo es un gran abanico de
posibilidades que nos puede llevar a orgasmos sumamente placenteros sin
necesidad de penetrar o dejarse penetrar por el ano.
Efectivamente dentro del
erotismo se encuentra la práctica sexual anal, y por supuesto
que es placentera, nos puede llevar a muchos y excelentes orgasmos sabiéndola
realizar, y en definitivo podríamos encontrarla entre nuestras prácticas
favoritas, sin embargo no hay que verla como un todo, como lo que defina por
completo a una persona, ya que existen actitudes, aptitudes, capacidades,
sentimientos y demás cualidades en otros hombres que van más allá de si es
pasivo o activo. Puedo hacer Clic y formar experiencias agradables viendo todos
los componentes de una persona. Se vuelve una dinámica sumamente
excluyente seleccionar personas con las que me puedo relacionar sexualmente
únicamente a través de fijarme en una sola práctica sexual.
Muchas relaciones de
noviazgo entre hombres gay que pudieran ser bonitas, solidas y duraderas no se
dan, únicamente por la cuestión de si es pasivo o activo. Otras relaciones que
se aventuran llegan a terminar por que no consideran que puedan obtener
placer de otras formas. Cuando te gusta o amas a otra persona basta con echarle
un poco de creatividad para lograr averiguar las diferentes maneras en las
cuales podemos satisfacer nuestros deseo, incluso, y me atrevo a decirlo,
de una manera mucho más placentera.
A los hombres Gay nos
atraviesa mucho la construcción de la masculinidad, y por supuesto no estamos
exentos de ser sujetos machistas y limitados sexualmente. Es parte de
nuestra tarea derribar esas estructuras que terminan por crear y recrear la homofobia.
Propongan con sus parejas, ligues y aventuras nuevos modelos de relacionarse y
socializarse. Los hombres y mujeres LGBTTIQ podemos deconstruir todo un sistema
que ha sido opresor en distintas áreas de nuestra vida, evidenciamos la
diversidad humana y eso da para mucho más que ser una simple copia del modelo y
régimen heterosexual.
Bibliografía:
BORDIEU, Pierre (1998), La Dominación Masculina. Paris: Éditions du Seuil.
CONNEL, Robert (2000), La Organización Social de la Masculinidad, DF, México: Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales.
Campos Guadamuz, Álvaro. Masculinidades en Centro América
Rubio E. Introducción al estudio de la sexualidad humana: Conceptos básicos en sexualidad humana. En: Consejo Nacional de Población, "Antología de la Sexualidad Humana". Tomo I. Consejo Nacional de Población- Miguel Ángel Porrúa. México. 1994
Sáez, Javier (2011). “Por el culo, políticas anales”. Editorial Egales, España.
SZASZA, Ivonne. (2000), Varones mexicanos: Género, sexualidad y salud reproductiva. Debate Feminista, 186-199.

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