viernes, 8 de noviembre de 2019


La importancia de una red afectiva entre hombres gays.

Independientemente de la orientación sexual, al nacer en un cuerpo con pene y testículos, se nos trata de encasillar en el mundo de la masculinidad. Todos aprendemos que para sobrevivir al mundo de los hombres tenemos que anular las muestras de afecto y ternura o todo lo que pueda vincularnos con el mundo simbólico de lo femenino.

Cuando se  es hombre, aprendemos a medir el  poder con base en otros hombres, comienzas a asumir que para entrar dentro de los parajes masculinos, tienes que comprobar que eres digno de estar ahí.   

Medimos nuestra fuerza, nos esforzamos por ser competentes, creamos complicidades para validar el vigor del otro con la esperanza de que reconozcan el propio. Nuestra potencia sexual tiene que salir a relucir  estando  siempre dispuestos a eyacular, se nos enseña que para tener un vínculo afectivo-  erótico se tiene que conquistar y salir de casería (entre otras cosas que hacemos los hombres para probar que lo somos).

Habitar el cuerpo a partir de la masculinidad, implica grandes  porciones de retos y vigilancia en cómo nos comportamos. 

Otros de los puntos para ser considerado “un hombre de verdad, es el medir la cantidad de afecto que  debemos ejercer con el otro, puesto que “no vayan a pensar que soy maricón” o "debil". En ciertos contextos, como en la borrachera, hasta besos entre compas heterosexuales surgen  sin “tanto miedo” al que dirán  y se utiliza el alcohol como pretexto o justificación.

¿Quién nos dijo que un golpe es una muestra de afecto?, ¿Por qué muchos hombres sólo estando borrachos son afectivos con el resto del mundo?

Ser  cariñoso o pasarse de cariñoso con otro hombre tiene repercusiones a través de formas misóginas donde ninguno quiere asemejarse a una mujer. Incluso existen hombres que nunca en  la vida le dicen “te quiero” o “te amo” a un buen amigo que le ha acompañado, a lo mucho le invitan las chelas.

Rendimos en diferentes circunstancias y contextos un culto a la masculinidad. Nos admiramos de los componentes simbólicos  que representan el poder masculino; admiramos cuando un hombre es capaz de andar con  muchas personas a la vez, si tiene un pene grande, si tiene cuerpo de gym o musculoso, si en su trabajo tiene una jefatura, si se comporta como un súper héroe o figura de acción o cuando decimos que   “ese todas las puede”.

El amor o admiración hacia otros  hombres, en realidad no es como tal hacia otros hombres, sino que es hacia la masculinidad y al poder. Hay que entender que esta adoración a la masculinidad  se convierte en un constante  abuso de poder que termina en violencia.

Si admiráramos e hiciéramos complicidades desde una lógica mucho más sana con otros hombres, no nos pesaría tanto mostrarnos vulnerables, reconoceríamos nuestras violencias sin responsabilizar  a otras personas.

Por supuesto que también se verían con normalidad  las muestras de afecto entre hombres en los diferentes escenarios  sociales, tales como darle un beso en la mejilla al compa o apapachar con un abrazo cálido sin necesidad de aplicar el  típico golpe lleno de rudeza. Los hombres gays de esta manera dejaríamos de sentir miedo de que nos agredan si en la vía pública tenemos muestras afectivas con nuestro novio. 

Desde que ingresamos a las escuelas entendemos que habitamos en una jungla donde “hay que aguantar” malos tratos: golpes, apodos, humillaciones, bromas hirientes, etc., son parte de la dinámica en la que nos envuelve la masculinidad. Quien “no aguanta” o se demuestra débil ante estas situaciones hostiles ya no es parte del clan, es un “mariquita” y es arrojado al mundo de lo  femenino que implica para muchos estar en lo más bajo; se es víctima de la homofobia y misoginia.

A pesar que en los ambientes de tenor homosexual es muy común ver besos entre dos hombres, no estamos exentos de anular la ternura y responsabilidad afectiva hacia otros. Quizá con la pareja podamos tener ciertos detalles afectivos pero a la vez, puede ejercerse control y dominio a  través de los celos o la desvalorización de los gustos de la persona, o  quizá se aplican chantajes emocionales para que se termine haciendo "lo que yo quiera".  

¿Qué tal con los amigos gays? Al igual que en la dinámica de los  hetero, llegamos a ser crueles con otros hombres gays, con un matiz diferente pero violento al fin. 

Muchos hemos competido con otros para probar quien tiene mayor poder o masculinidad o dicho desde la jerga del ambiente gay “por ver quién es la más perra”. Por ejemplo, se llega a centrar quien viste mejor o está más guapo, quien gana más dinero, quien tiene mayor grado de estudios o incluso el medir quien está "más afuera del closet" ante la sociedad y quienes por diversas circunstancias no logran salir.

A través de aquella práctica conocida como el bufe, se establece la cultura de “el que se lleva se aguanta” y decirle a mi amigo “perra” o “loca” se vuelve un “cariñito”.

El bufe es tirarse mala espina entre amigos bajo un supuesto “consenso”, pero vamos, detengámonos a reflexionar aunque sea un poquito en el cómo estamos normalizando la violencia al creer que el insulto es gracioso.

Una característica del bufar a otro es que por lo general se hace en términos femeninos, haciendo un oleaje de expresiones machistas, sale a relucir que ser mujer es algo peyorativo, o bien, algo de lo que nos podemos burlar cuando es expresado desde el cuerpo de un hombre.

Nos inscribimos en los estatutos que marcan los mitos machistas como aquel que dice: “las mujeres juntas ni difuntas”, donde muchos hombres gays a través de asumir el rol pasivo en las vinculaciones eróticas con otros, comienzan a criticar despiadadamente a quienes también asumen ese mismo rol. El rol pasivo representa la feminidad, y por lo tanto, lo que “debería ser” una mujer, así que el mito comienza aterrizarse en nuestras relaciones ahí donde señalamos a otros hombres con comentarios misóginos, racistas y clasistas.

También en lugar de escuchar a mi amigo y comprenderlo, aplicamos la de “vámonos de fiesta”, anulando o minimizando la problemática que presente la persona y llevándonos de la mano hacia las adicciones.

Muchos hombres debemos aprender a escuchar sin juzgar al otro y a dejar de minimizar los sentires. Dejar de invitar a mi compa a beber alcohol  o consumir drogas (como única solución) cuando se tiene un problema, sería mejor estimularlo para que acuda a terapia y comience con el trabajo personal que tanta falta nos hace a todos.

Si bien los afectos o acercamientos físicos entre hombres gays se dan en mayor cantidad que en heterosexuales, los acompañamientos afectivos a veces no están presentes.

Crear una red afectiva entre hombres implica cuestionar la masculinidad que nos involucra en situaciones tóxicas donde sólo nos volvemos cómplices de la violencia. Ser afectivos no es admirar la fuerza, el vigor y la musculatura del otro, es reconocernos como seres humanos; establecer empatía y acompañarnos sin invadir espacios,  atrevernos a llorar delante del otro cuando lo necesite, o bien, abrazar a otro hombre cuando llore y apoyarnos cuando existan situaciones de odio homofóbico hacia a alguno de nosotros en los distintos lugares donde interactuamos.

También es parar, señalar y reflexionar sobre las conductas machistas y/o violentas que mis amigos ejerzan. Hacer complicidad para violentar valida esas situaciones donde estigmatizamos o abusamos de otra persona. Dejemos de normalizar que el "ser muy perra" es algo chido. 

Dejar de competir por ver quién es el más "cabrón" en algo nos quitaría fuertes dosis de estrés que cargamos por pretender ser alguien que no somos. Vivimos presionados constantemente por el miedo a que  me señalen como un hombre “afeminado” y poco a poco nos vamos olvidando de los vínculos afectivos y de la ternura que podemos compartir.

La ternura nos lleva a relaciones basadas en el amor y la estabilidad emocional. La ternura nos llena de humanidad y nos hace  conscientes de que determinadas acciones afectan a otro. La ternura es lo contrario de la crueldad.

Otro punto importante a recalcar, es el de las prácticas sexuales donde al igual que para los heterosexuales, nos es muy fácil conseguir sexo. Se llega a creer que es una necesidad el tener felaciones todo el tiempo y a muchos no les llega a importar si están en una relación de pareja, afectando emocionalmente a la persona tras esa sensación de incumplimiento y traición a los acuerdos de exclusividad sexual.

Se llega a utilizar el cuerpo de otros hombres como un objeto para el propio placer mutilando todos los rasgos identitarios de la persona, resumiendo el cuerpo y la totalidad en tan sólo hoyos para ser penetrados. Basta con asomarnos a Grindr para notar como el cuerpo es fragmentado a un rol sexual, priorizando únicamente los genitales.

No es que este mal experimentar y tener sexo, lo que considero se deja de lado es el cuidado de los otros y el autocuidado que implica una vida sexual sana y responsable. Nos ponemos en riesgo y se expone a otros. La sexualidad no sólo es penetración, incluye emociones y afectos.

Los bares y antros gays están llenos de “conquistas” donde se llega a exponer la vida sexual de otros, puesto que se suele alardear con quienes se mantuvo intimidad. Estando en reuniones de hombres gays, es común escuchar la proezas sexuales que se tuvieron con otros hombres o a quien vieron en Grindr. 

El valor de los hombres se mide en muchas ocasiones por la cantidad de encuentros sexuales que se hayan tenido bajo el espectro de la heteronormatividad: si se asume el rol activo y se sabe que ha penetrado a diferentes hombres, es un cabron valorado; por el contrario si se asume el rol pasivo y se sabe que lo han penetrado en varias ocasiones, es denigrado.

Debemos reflexionar que siendo hombres con vinculaciones erótico-afectivas con otros hombres no anula nuestra misoginia, hemos sido socializados como hombres y el ser gays no nos justifica.

El ser hombre y asumirse gay, claro que puede tener una implicación política potente si nos sensibilizamos bajo la perspectiva de género. Podemos reivindicar y mostrar alternativas para vivirnos en un cuerpo simbolizado como hombre.

Los espacios donde interactuamos los hombres gays, se han convertido en espacios hostiles donde importa cómo vas vestido, donde si te adaptas al estereotipo de hombre gay estadounidense, estas en la cúspide  y si no lo eres, te excluyen con diferentes tipos  de violencia.

Pensemos todas las veces que hemos afectado nuestras vidas por querer encajar en algún círculo, abusamos de nosotros y de otros con tal de tener  pertenencia en un espacio que es excluyente.

En lugar de normalizar el bufe, normalicemos la ternura, el amor, la compasión y la solidaridad en nuestras prácticas. Reconozcamos que ser una comunidad implica cuidarnos entre nosotros. 

El patriarcado nos quiere misóginos, compitiendo, hiper-masculinizados, indiferentes, reproduciendo la homofobia de la que hemos sido víctimas y sedientos de poder. Ese sistema no quiere que cuestionemos y hagamos la diferencia, nos necesita aliados y reproduciéndolo. Nos quiere lo más parecido a los hombres heterosexuales.

No nos relacionemos bajo el espectro del machismo, no nos dirijamos bajo el margen de la conducta heteronormativa. Como hombres gays, homosexuales o como queramos nombrarnos, inventemos nuestra propia dinámica y hagamos grietas en  las estructuras sociales que abran accesos hacia la igualdad de derechos y oportunidades.

Dejemos de lado el validar y justificar nuestras violencias para seguir perpetrando el sistema patriarcal que por razones inherentes nos da privilegios que a las mujeres les son negados.

Hay que crear  una  gran red de apoyo afectiva y no sólo de validación de las prácticas y formas violentas. Cuestionemos nuestra masculinidad y rompamos con aquel pacto que marca las fronteras de nuestro comportamiento. Tenemos la posibilidad de reinventar un mundo basado en la empatía y buen trato.

Debemos comenzar a ocuparnos en observar nuestras prácticas, en tener cuidado del cómo nos estamos relacionando con otros hombres y también con las mujeres para poder construir ambientes de seguridad y respeto. La invitación está abierta para que nos sumemos a practicar la responsabilidad afectiva y  para crear una comunidad de hombres gays mucho más conscientes.

Establezcamos nuestra propia ética homosexual y cuidémonos entre nosotros. 


martes, 23 de julio de 2019

¿Que onda con nuestras prácticas entre chicos gay?


¿Cómo nos atraviesa a los hombres gays el mandato de la masculinidad?

Crear una ética entre hombres gays implica ir reconociendo nuestras violencias dentro del mismo colectivo. No estamos exentos de un comportamiento patriarcal donde constantemente convertimos nuestros espacios en lugares hostiles para socializar.
Si visibilizamos y reconocemos todos esos momentos donde hemos actuado desde la violencia hacia otros hombres gay, podremos trabajar para vivirnos en áreas de buentrato entre nosotros.

Somos un colectivo discriminado en muchas áreas de la vida cotidiana, y el patriarcado nos enseña a destruirnos entre nosotros, precisamente para no generar alianzas propositivas para la igualdad y la no discriminación.

Nuestra complicidad va dirigida  a seguir reproduciendo el machismo con su dosis de misoginia y homofobia. Estaría excelente que esa misma complicidad entre varones la utilizáramos para derribar a ese monstruo de múltiples tentáculos que está acabando con nuestras vidas y la de las demás personas.

Crear una nueva ética entre hombres gays implicaría fuertes dosis de reflexión interior para acabar con nuestras conductas destructivas y comenzar a vivir libres de violencias.

Dejo algunos puntos que desde lo personal observo constantes en muchos de nosotros y  donde creo que tenemos un fuerte trabajo  por realizar:

ü  Clasismo. Dividiendo y señalando a otros hombres por como visten, si tienen ropa de marca y si se representan o no con los modelos norteamericanos de ser Gay. Adjudicar el valor a las personas a través de si tienen el dinero suficiente para gastarlo en los mejores lugares de “moda gay” del momento.

ü  Racismo. Señalar a otros hombres por su color de piel e ir utilizando expresiones  del tipo “prieto”, “cara de artesanía prehispánica”, “inidio” etc. Creer que la piel blanca te da un estatus social mucho más alto.

ü  La creencia de que nuestros cuerpos no están bien si no tienen los suficientes musculosos y comenzar a derrochar grandes cantidades de dinero en productos que incluso llegan a afectar nuestra salud, y rechazar a otros hombres por el simple hecho que no lucen una estética corporal alineada con el gimnasio.

ü  A partir del punto anterior, mostrando una conducta gordofóbica  expresando incluso odio por los cuerpos gordos. Constantes burlas y rechazo.

ü  Cosificación de cuerpos.  Nuestra sexualidad masculina se expresa a través de prácticas de penetración, traducidas simbólicamente en dominación. Creer que en el acto sexual “me lo cogí”  o “me cogió” es parte de una cultura de la conquista hacia el cuerpo del otro que termina siendo deshumanizante.

ü  El uso de la pornografía desmedido con contenidos sumamente violentos 

ü  Todas las veces que faltamos al acuerdo de exclusividad sexual con nuestras parejas sexo-afectivas. La infidelidad ha estado incrustada en la subjetividad de muchos hombres a través de dispositivos machistas que nos hacen creer que nuestra sexualidad debe ser incontenible e insaciable.

ü  El uso que se le suele dar a redes sociales como grindr. El menú de estas plataformas muestran partes de cuerpos fragmentados donde la valía de alguien se enfoca en qué tipo de corporalidad tienes y si eres lo “suficientemente masculino”. La descripciones que se colocan suelen estar orientadas a la potencia sexual donde se manifiesta y se hace énfasis en el tamaño del pene. Las conversaciones privadas son monótonas y repetitivas donde los valores de cada persona se resumen al “rol sexual”, a si “tienes lugar”, “cuanto te mide”, solicitar el pack o si estás dispuesto a tener prácticas sin condón.

ü  Pasivo y activo. Creer que para relacionarnos lo debemos hacer a partir de estos dos únicos roles que representan la masculinidad y feminidad. Nos encasillamos y la gestión de nuestras relaciones se basan asumiendo que si me represento como el pasivo soy “como una mujer” y si presento el rol activo soy “como el hombre de la relación”.

ü  Criticando destructivamente a otros hombres gays por sus prácticas sexuales y evidenciando con quien se acuestan y nombrándolos incluso como ”putas” o “zorras”.

ü  Mostrar sin el consentimiento del otro fotografías íntimas mejor conocidas como el pack, incluso publicándolas en redes sociales como twitter.

ü  Criticando a mujeres y señalándolas de "fachosas" si es que no se acoplan a los roles de la feminidad.  En ocasiones se escuchan bastantes comentarios del tipo “es que yo cojo mejor que su novia”, o “tengo mejor cuerpo que su novia” denigrando así a las mujeres bajo un comportamiento machista del ser gay.

ü  De la misma forma que a las mujeres, señalar a otros hombres gays  de “malvestidos” o “desalineados”.

ü  En relaciones de noviazgo con otros hombres mostrarse competitivo por quien es más guapo, exitoso o popular, dicho de otra forma: competir por quien tiene mayor poder en la relación.

ü  Cuestionando la vida sexual de otros hombres gay, indagando con quienes se han acostado o cuanto tiempo pasan en grindr. 

ü  Hablar sobre los novios de mis amigos o conocidos dando descalificativos donde todo se resume a si son “feos” o “guapos”.

ü  Limitar nuestras prácticas sexuales   a actos de penetración.

ü  Sólo procurar mi propio placer e ignorar el del otro y no dialogar sobre el consentimiento dentro de las prácticas sexuales.

ü  El cruising y sus formas de operar donde los otros sólo son objetos para ser utilizados, ya que no  interesa ni siquiera su nombre o los diálogos personales son casi nulos dentro de estos espacios.

ü  Erotizar la cultura de la violación llegando a abusar de otros hombres que se encuentran bajo efectos del alcohol o las drogas e incluso llegar a divulgarlo en redes sociales o páginas pornográficas. 

ü  Siendo lesbofobicos señalando a mujeres lesbianas de agresivas, feas o cuestionando su sexualidad por no tener un pene.

ü  Siendo un hombre narcisista creyéndose mejor que los demás compitiendo en  un terreno capitalista y consumista con los otros.

ü  Siendo transfobicos, pensando que ser una “vestida” es denigrante y que eso nos representa negativamente al colectivo gay en la sociedad, porque desde luego: “si uno es hombre, hay que comportarse como tal para ser aceptado".

üNormalizar el "Bufe" entre nosotros como una práctica divertida. 

ü  La adoración a la masculinidad casi como un culto. Lo vemos representado en todos los contenidos y  publicidad Gay con un estereotipo masculinizado  bastante marcado.

Seguramente queden muchos puntos sin colocarse aquí, sin embargo estas reflexiones deberían  implicarnos a todos los hombres que nos vivimos desde los ámbitos homosexuales y ambientes gay. 

Quisiera invitar a la posibilidad de colocar otras formas y vivencias donde tenemos trabajo por hacer, ya que eso daría mayor amplitud en el tema que no puede seguir siendo ignorado por nosotros.

¡CUIDEMOS DE NUESTRAS PRÁCTICAS, CUIDEMOS DE LOS OTROS!









domingo, 15 de octubre de 2017


Entre “Activos”  y “Pasivos”.

Es interesante el modo de socializar que tenemos los varones, nos educan desde muy pequeños a ver la vida de una manera acelerada, en cada espacio y contexto  tienes que mostrarte precoz para recibir premios y aplausos por haber reafirmado esa categoría cultural llamada masculinidad.

Sin duda la sexualidad es uno de los espacios donde recae gran peso para definirnos y percibirnos en el mundo como hombres. De acuerdo con Ivonne Szas teórica y estudiosa de la sexualidad masculina en México, “la sexualidad no aparece únicamente como expresión del erotismo, sino como una de las principales formas de representación y reafirmación de la masculinidad. A través de la sexualidad, entre otros atributos, se expresa y se mide el poder masculino y se marcan sus límites” (Szasz Ivonne, 2000).

La educación sexual hacia los hombres es casi nula en todas las esferas sociales. Los hombres por lo regular no tenemos el hábito de visitar al urólogo, terapeuta sexual o  cualquier experto o especialista que nos pudiera orientar en nuestras prácticas o problemáticas enfrentadas en las distintas áreas de nuestra sexualidad, nuestro aprendizaje sexual por lo general es instruido en espacios masculinos donde otros hombres hablan de sexo,  y de esa forma vamos escuchando e interiorizando  cómo se comportan los hombres a la hora de coger o masturbarse.

La educación sexual no la hemos encontrado en los libros de texto de educación básica,  ya que se encuentra limitada y regulada por las políticas conservadoras permeadas de pensamientos religiosos a sabiendas del código laico en nuestro país.

El conocimiento para desempeñar nuestra  sexualidad lo hemos adquirido la mayoría de las veces  a través de productos culturales  como la televisión, el cine, la publicidad, la música y por supuesto el internet que nos muestra la  pornografía muy accesible a la mano y ojos de quien sea .

Por supuesto esos productos culturales van bañados de sexismo, falocentrismo, misoginia y el tan caracterizado machismo de nuestras sociedades occidentales. A través de ese acompañamiento mediático y de la socialización en espacios masculinos donde se comparten experiencias con otros hombres resultan nuestras experiencias sexuales,  y cómo hombres suelen ser bastante limitadas, y no en el sentido de cantidad sino en cuanto a su calidad.

Para Eusebio Rubio, sexólogo mexicano con grandes aportes en la rama: “la sexualidad humana es el resultado de la integración de cuatro potencialidades que dan origen a los cuatro holones (o subsistemas) sexuales, a saber: el género, la vinculación afectiva  interpersonal, el erotismo y la reproductividad”. A través de estos holones es como vamos moldeando nuestra práctica sexual.

En cuanto al género los hombres realizamos roles sociales y culturales considerados masculinos con la función de diferenciarnos a toda costa de las mujeres, "recibimos   el mensaje de que no se es hombre mientras no se prueba serlo. La cultura provee caminos específicos para probar la masculinidad, entre los cuales las proezas sexuales ocupan un lugar preponderante”  (Szasz Ivonne, 2000). Es así como vamos adquiriendo estereotipos y comportamientos como el de ser un conquistador, tener múltiples encuentros sexuales y la amplia competencia con los otros  para ser merecedores del trofeo social de la figura viril.

La vinculación afectiva se encuentra bajo la normativa del binarismo genérico, ya que las emociones se van catalogando y asignando a uno u otro sexo. Por ejemplo a los hombres desde pequeños se nos dice que “los hombres no lloran”, llegamos a retener la tristeza  y la nostalgia con tal de probar en repetidas ocasiones que somos hombres de verdad.

Las emociones permisibles para que que los hombres visibilicen son las relacionadas con los detonantes de la violencia,  como por ejemplo la irá y el enojo. Las mujeres por su parte van aprendiendo que las emociones articuladas con el amor y la ternura definen su feminidad desarrollando fuertes vínculos amorosos con sus respectivas parejas.  

En las relaciones donde se vinculan las prácticas sexuales con otras personas, los hombres  vamos aprendiendo a presumir y resaltar únicamente la cantidad de encuentros sexuales que llegamos a tener, omitiendo las sensaciones y emociones en cada encuentro.

El erotismo es aquella capacidad corporal de encontrar placer a través de nuestros 5 sentidos, y los hombres limitamos esa amplia capacidad y gama de posibilidades eróticas a la genitalización y a un acto de penetración vaginal y anal. "Se vuelve un trinomio de la sexualidad masculina reducido a erección, penetración y eyaculación" (Guadamuz Álvaro, 2013). El erotismo y sus manifestaciones, en cuanto vivencia del placer , son mutilados por la definición del fin último de la sexualidad masculina resumidos en el trinomio.

“Existe una estrecha conexión simbólica entre masculinidad, penetración y erección. Los genitales masculinos representan valor, orgullo, prepotencia, fuerza, bienestar, y se pueden concebir separados del cuerpo, cobrando vida propia” (Szasz Ivonne, 2000) y a través de esa fuerte genitalización es como resultan identidades a través de nuestras prácticas sexuales que moldean la percepción de las demás personas y nos dan la pauta para autopercibirnos  en el mundo  como varones , debido a que el pene se constituye en un símbolo, significante y estandarte de la sexualidad masculina que  estructura y organiza la subjetividad masculina y su identidad. De ahí que el pene erecto es, para los hombres, símbolo de identidad masculina.

A través de los 4 holones de la sexualidad  vamos interceptando la heterosexualidad obligatoria que se vuelve un régimen estricto a seguir por todos los cuerpos que circulamos bio-politicamente por todo el tejido social. Los modelos que nos presentan a lo largo de nuestra vida son exclusivos de la heteronormatividad,  concepto implementado por teóricas feministas y lesbianas  como Monique Witting, quien nos dice que “es el orden político heterosexual el que produce la necesaria existencia de dos géneros para validar y reproducir su discurso”. De está manera ese régimen heteronormativo demanda la existencia de dos polos que se ven como complementarios a la hora de relacionarnos en el plano sexual  y organiza nuestras prácticas y deseos arraigados en el modelo de pareja heterosexual.

Los modelos de pareja lesbicos, bisexuales u homosexuales caen en la trampa de la heteronormatividad al ser el único modelo conocido y reproducido por toda la estructura social. A nuestras relaciones de pareja como personas con orientaciones e identidades LGBTTIQ les vamos encontrando lógica dentro del régimen social, cultural y político heterosexual que demanda una parte masculina y otra femenina, dos polos opuestos  que son percibidos como complementarios.

Los hombres que nos relacionamos con otros hombres aterrizamos la heteronormatividad  a través de las figuras del “activo” y “pasivo”. Estas dos categorías  en el orden simbólico definen quien es la parte masculina y quien representa la parte femenina. Esto se basa a partir de una práctica sexual muy popularizada en el ambiente Gay: la penetración anal.
La penetración anal llega a ser una forma obsesiva en la busqueda del sexo ya que simboliza la virilidad y masculinidad por los motivos anteriormente expuestos en la construcción sexual de los hombres.

Penetrar a lo largo de la historia ha simbolizado  el poderío masculino , ya que la sexualidad para los hombres es concebida “como un acto agresivo y sobre todo físico, de conquista, orientado hacia la penetración y el orgasmo, tiende a la posesión sin más, mera afirmación de la dominación en su estado puro” (Bourdieu Pierre, 2000).
A la hora de relacionarse en la intimidad sexual, se traspasa literalmente el sometimiento, control y subordinación de lo masculino por lo femenino, creando explayadas fantasías entre varones homosexuales a través de asumir dichos roles.

Quien desempeña el  rol pasivo en el acto sexual,  a través de ser penetrado funge la parte femenina subordinada del modelo heteronormativo y quien es el activo a través de penetrar representa  al macho dominante que subordina en ese mismo esquema de pensamiento. Es una complementariedad obligatoria para poder relacionarse en el mundo de los hombres, una lógica que guía y rige el comportamiento a la hora del ligue y de las relaciones homoeróticas.  

Muchos hombres Gay u homosexuales no conciben la idea de relacionarse con otro hombre que tenga el mismo rol en la práctica sexual anal . Aprenden a través de los diferentes dispositivos sociales, económicos y culturales que el sexo está basado exclusivamente en la penetración, omitiendo la  diversidad de prácticas eróticas que pueden llevar al orgasmo a través de experimentar con el cúmulo de posibilidades que nos dan todos nuestros sentidos corporales.

Esas ideas vienen de un sistema machista que da forma a la heteronorma y cultura falocéntrica que cosifica sexualmente a los cuerpos, retirando incluso la identidad de una persona compuesta por infinidad de experiencias y componentes físicos. Dentro de la lógica del ser "activo" o "pasivo" , toda nuestra identidad y todo lo que somos se ve reducido  a nuestros genitales que pueden embonar o no embonar con lo que busco.

A la hora del  ligue se vuelve primordial saber si  eres activo o pasivo,  ya que para muchos eso bastará para saber si existe alguna especie de química entre ambos que les permita relacionarse de una manera afectiva en una relación erótica o de noviazgo. “No importa si tenemos gustos similares y todo lo que podamos tener en común, si yo soy pasivo buscaré a alguien que se asuma activo y viceversa”, en muchos varones Gay sólo eso bastará para saber si se puede seguir o no en una relación con sentido sexual, erótico y  afectivo con otro varón, por que si el hombre que me gusta  se  asume con el mismo rol que yo, entonces sólo podremos ser amigos dentro de esa lógica.

Es importante someter a cuestionamiento estas dinámicas a la hora de socializar en el ambiente y espacios entre hombres Gay, si no colocamos una mirada crítica a nuestras prácticas sexuales corremos el riesgo de limitarnos y de dejar pasar una gran cantidad de personas con las cuales podemos construir relaciones de noviazgo saludables o tener prácticas sexuales placenteras, conscientes e informadas.

No todo en la relación de pareja es penetración anal, ese es un invento del machismo para legitimar la masculinidad hegemónica y dominante. El erotismo es un gran abanico de posibilidades que nos puede llevar a orgasmos sumamente placenteros sin necesidad de penetrar o dejarse penetrar por el ano.

Efectivamente dentro del erotismo  se encuentra  la práctica sexual anal,  y por supuesto que es placentera, nos puede llevar a muchos y excelentes orgasmos sabiéndola realizar,  y en definitivo podríamos encontrarla entre nuestras prácticas favoritas, sin embargo no hay que verla como un todo, como lo que defina por completo a una persona,  ya que existen actitudes, aptitudes, capacidades, sentimientos y demás cualidades en otros hombres que van más allá de si es pasivo o activo. Puedo hacer Clic y formar experiencias agradables viendo todos  los componentes de una persona. Se vuelve una dinámica sumamente excluyente seleccionar personas con las que me puedo relacionar sexualmente únicamente a través de fijarme en una sola práctica sexual.

Muchas relaciones de noviazgo entre hombres gay que pudieran ser bonitas, solidas y duraderas no se dan, únicamente por la cuestión de si es pasivo o activo. Otras relaciones que se aventuran  llegan a terminar por que no consideran que puedan obtener placer de otras formas. Cuando te gusta o amas a otra persona basta con echarle un poco de creatividad para lograr averiguar las diferentes maneras en las cuales podemos satisfacer nuestros deseo,  incluso, y me atrevo a decirlo, de una manera mucho más placentera.

A los hombres Gay nos atraviesa mucho la construcción de la masculinidad, y por supuesto no estamos exentos de ser sujetos machistas y  limitados sexualmente. Es parte de nuestra tarea derribar esas estructuras que terminan por crear y recrear la homofobia. Propongan con sus parejas, ligues y aventuras nuevos modelos de relacionarse y socializarse. Los hombres y mujeres LGBTTIQ podemos deconstruir todo un sistema que ha sido opresor en distintas áreas de nuestra vida, evidenciamos la diversidad humana y eso da para mucho más que ser una simple copia del modelo y régimen heterosexual.


Bibliografía:
       BORDIEU, Pierre (1998), La Dominación Masculina. Paris:  Éditions du Seuil.
CONNEL, Robert (2000), La Organización Social de la Masculinidad, DF, México: Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales.
Campos Guadamuz, Álvaro. Masculinidades en Centro América
Rubio E. Introducción al estudio de la sexualidad humana: Conceptos básicos en sexualidad humana. En: Consejo Nacional de Población, "Antología de la Sexualidad Humana". Tomo I. Consejo Nacional de Población- Miguel Ángel Porrúa. México. 1994
Sáez, Javier (2011). “Por el culo, políticas anales”. Editorial Egales, España.

SZASZA, Ivonne. (2000), Varones mexicanos: Género, sexualidad y salud reproductiva. Debate Feminista, 186-199.










domingo, 26 de febrero de 2017

“La Iniciación Pornográfica”. Parte 2

Cuando terminé pude notar como mi corazón latía de una manera rápida,  y no era por el orgasmo, en esta ocasión mis latidos  eran   por una tremenda  adrenalina que me producía lo que  acababa de ocurrir en aquella habitación. Me sentía realmente satisfecho, fue una experiencia que me había fascinado. Me sentía sumamente sensual, deseado. La cámara en esos momentos fue como  mi amante, fueron unos instantes que siempre recordaré y más por lo que acarraría después.

Cuando mi corazón y mi excitación lograron calmarse lo primero que hice fue observar a Lalo. Buscaba en su mirada algún indicio de que mi acto inicial en el porno le hubiese gustado.
-Mi querido Roman, he encontrado a mi estrella del porno Gay. Eres fantástico, te aseguro  que haremos lodo contigo, les vas a encantar y sobre todo los vas a enamorar- añadió por fin Lalo después de un pausado suspiro acompañado de unas evidentes pupilas dilatadas.
-¿Y tú qué dices Arturo?, eres actor porno y tu opinión es muy relevante para mi, necesito dinero y quiero saber si aquí lo puedo encontrar- me animé a comentar después de que observé que Arturo no decía palabra alguna.

- Si, eres guapo y admito que quizá puedas pegar en esto-. Su  contestación al igual que su personalidad fueron muy cortantes y la verdad me lo esperaba por su cara que a simple vista se veía molesta. Me imaginé el motivo, y es que su pareja, Lalo,  no me observaba como uno más del montón de  esos “actores” dispuestos a generar ganancias en el mundo del porno. Definitivamente a Lalo lo  había hipnotizado y su mirada estaba cargada de lujuria hacia mí. 
Me pasó una toalla para limpiarme todo el fluido  que se había escurrido de  mí cuerpo, me indicaron donde estaba el baño por si quería lavarme. Después me vestí y con un tono entusiasmado les pregunté que seguía después.

-Ahora tenemos que ver el video y editarlo. Después de eso veremos los demás casting a detalle y te llamaremos para que conozcas con  quienes colaboraras en los videos.  Seguro te  vas a quedar, estas muy rico, Roman. Créeme que follaras con weyes riquísimos. Déjanos tú número telefónico y a más tardar el sábado de la próxima semana te llamaremos-. El comentario de Lalo me tranquilizó porque me sentí dentro del proyecto.

Bajé por las escalares rumbo a la salida y mis piernas temblaban cual becerro aprendiendo a caminar. Cuando salí a la calle la normalidad y cotidianidad del centro de Guadalajara continuaban. Frente a la casa de Lalo y Arturo se encontraba una cantina donde entraba mucho mayaton a beber cerveza después del trabajo. Un tipo robusto con una actitud muy femenina me vio y me gritó “¿te la chupo,  muñeco?, lo haré mejor que aquellas dos putitas, nene”. El tipo estaba muy borracho, sólo lo miré y seguí avanzando sin mirar atrás.

Me dirigí hacia el sur rumbo a mi casa. Aceleré el paso por que  se acercaba la hora de bañarme, perfumarme e irme a plaza tapatía a cubrir mi ronda nocturna.

Al llegar a mi casa Luna estaba  sentada en la sala leyendo una revista. Ella rentaba la habitación de al lado y desde que llegué ahí nos hicimos muy buenos amigos. Ambos estábamos locos, disfrutábamos de la vida sin tanta complicación que te vende la supuesta responsabilidad adulta. A los dos nos gustaba vivir al día dejándonos llevar por las sorpresas que pudiera traer cada mañana al salir el sol. O en mi caso al caer la noche, ¡esas aventuras eran mamadas nadita feas! , siempre me sorprendía con algo nuevo.

Luna era una chica verdaderamente hermosa a mi parecer. Tenía el cabello castaño y unos ojos marron  muy cristalinos acompañándose de una piel muy suave. Su personalidad era muy sexy, con cada paso y movimiento que daba desplegaba sensualidad. Su manera alocada de vestir, casi siempre de short y su cabello despeinado la hacían lucir como una chica rebelde con la cual no te debes meter en mal plan.

-¡No inventes, Roman!, ¡un tipo asesino a una mujer afuera de un café por qué no quiso ser su novia!.  De verdad que me caga en los ovarios este tipo de noticias, una y su cuerpo no pueden ser libres de mandar a la chingada a un wey.  Exclamo Luna.
Yo llevaba un poco de prisa por que se llegaba la hora de irme a trabajar por lo que sólo di un breve comentario de lo mal que me parecía esa situación, y no es que no me importará, si no que me encontraba bastante aturdido por lo que acababa de ocurrir minutos atrás en aquella casa con Lalo y Alberto.

-          ¡Me tengo que ir corriendo a cambiar porque se llega la hora de ir a sacar unos cuantos billetes esta noche!-, se lo dije en un tono un tanto preocupado.
-          ¡Ay  cabron!, no me gusta nada que peligres así tu cuerpo todas las noches, deberías conseguirte un trabajo menos riesgoso. Te quiero un chingo y cada noche me preocupas. Me preocupa que yo soy la que voy a tener que ir a reconocer tu cuerpo en plena madrugada, bien sabes lo que me cuesta levantarme de mi cama-. Lo dijo en un tono sarcástico y burlón acompañado de un sape.
-          Créeme, estoy a punto de encontrar algo mucho menos riesgoso. Muy pronto haré mucho más dinero sin exponerme “tanto”- se lo dije no muy convencido de lo que estaba diciendo.
-          ¿Enserio? Bueno, mejor ya vete a cambiar. Ya luego me platicaras a detalle de que se trata, aunque conociendo tu pendeja personalidad, será algo realmente atrevido e inquietante. Yo esta noche saldré con mi amor, iremos a beber unas chelas y de ahí yo creo que nos regresaremos a casa para  follarnos toda la noche-.
-          Esa Paula, contigo y tu cuerpo insaciable, seguro se da unos tremendos atascones. Bueno, me retiro, suerte esta noche. Te miro luego-.

Me dirigí rumbo  a mi cuarto. Tomé una ducha con agua caliente para recuperar energías y estar listo para follarme a unos cuantos weyes esa noche. Se acercaban algunos pagos muy fuertes por lo que tenía que darle prisa a mi profesión si quería cubrirlo todo.
En uno de mis cajones guardaba una bolsa con  condones que una de las asociaciones civiles que visitaban la zona nos obsequiaban. Tome una tira, la metí en mi bolsillo, use el perfume que me  encantaba para  las noches de ronda  y salí a toda marcha por la calle que me conducía directo a la plaza tapatía.

-¡Qué pedo cabrón!, es sábado y hoy desde las 6 sale chamba, apenas son las 9:30 de la noche  y ya llevo dos sor juanas papa!-. Con esa voz ronca me sorprendió Martín,  otro de los chambeadores nocturnos de la plaza con el cual había formado una gran amistad. Él era mucho más grande y fornido que yo. En muchas ocasiones él cuidaba de mí. Tenía una personalidad muy protectora y en especial conmigo que siempre me echaba ojo. En una ocasión un tipo se negó a pagarme y al reclamarle,  este me saco una navaja para amenazarme diciendo que cuando él quisiera metérmela yo tenía que estar “flojito y cooperando”. Martín al darse cuenta corrió al lugar con una piedra para darle directo en la cabeza y a la vez le dejo muy claro que en esa zona nadie se metía conmigo, que se largará y no volviera al lugar porque si no se iba a encontrar con una muerte provocada por la paliza que le iba a meter. 

- ¡Inche Martín no pierdes el tiempo!. A tu verga de seguro ya le sale pura leche en  polvo de tanto que te la han chupado hoy- Se lo dije chocando la mano en símbolo de camaradas.
Vi a mi alrededor y ya se encontraban todos los chicos del clan. Ahí habíamos formado una red de prostitutos los cuales nos protegíamos de las posibles agresiones de los vatos que sólo iban a asaltar y joder y de la policía misma que frecuentemente visitaba la zona para bajarnos feria o llevarse a uno que otro cabron a los separos.

Me senté en una de las bancas como de costumbre, cruce la pierna, extendí mis brazos y active mi mirada para pescar vatos que quisieran contratar mis servicios.
Ahí estuve unos 15 o 20 minutos cuando noté que un wey vestido con corbata, zapatos y pantalón de vestir llevaba unas  tres veces pasando por el pasillo que quedaba justo frente a mí. Él cada que pasaba me lanzaba miradas momentáneas.

-“Otro tímido por aquí. Otro con el que tendré que dar el primer paso”- pensé.
Me levanté de mi banca y me puse en uno de los pilares del pasillo. Espere a que diera la siguiente vuelta para abordarlo.

-¡Qué onda, Bro!, ¿tendrás un encendedor que me prestes?- le pregunté cuando al fin se acerco nuevamente por ahí.

-No traigo- contestó un poco nervioso.

-¿Y qué onda, que plan?, ¿te gusta el cotorreo de aquí?-. Pregunté el clásico que volvía discreta toda la situación y que para ese tipo de hombres que de seguro hasta novia tenían, funcionaba bastante bien.

-Si me late, por eso vengo esta noche, quiero ver que sale-.

-Mijo, pues ya te salió algo. Conozco un hotel acá a la vuelta el cual cobra 200 varos la habitación y como estas como me gustan, te dejo el servicio completo en 300 bolas. ¿Cómo ves?-.

-En realidad sólo quiero que me la chupen y aventarlos. Traigo coche, lo deje aquí a dos cuadras, ¿ahí te animas?, ¿Cuánto por eso?-.

Sabia del peligro que era subirse al coche de un wey,  y más eso de alejarme de la zona. En el hotel sabían del negocio y nos protegían por una breve comisión que nos pedían por llevar ahí a nuestros clientes. Ahí estábamos en un entorno de camaradería  y si algo malo  pasaba en chinga el recepcionista del hotel daba el pitazo para que el clan fuera a nuestro rescate.

Este wey me había parecido muy guapo y la neta eso me puso muy caliente. Al ver como se paraba su verga por debajo de esos pantalones que le quedaban ajustados seguro por unas piernas bien torneadas me excite mucho y ya estaba deseando llevarme a la boca ese miembro que Dios le había dado.

Termine por aceptar la propuesta y le dije que por eso le cobraba 200 varos. Le pedí que fuera adelantándose y que yo lo seguía. No quería que Martín se diera cuenta porque sabía de lo estúpido que era retirarse de ahí, y aunque él me hubiera cuidado las espaldas, preferí ahorrarme  su pinche regaño y sermón que me iba a soltar para obligarme a permanecer en la zona.

Mire que los compas  se encontraran distraídos y lentamente avance en dirección de mi cliente.

Era un coche del año que estaba estacionado sobre avenida República. Llegué y me subí. Le indique al  wey que avanzara  una cuadra arriba donde sabía que era obscura y solitaria para poder mamarsela sin molestias.


Nos estacionamos debajo de un árbol que hacía todavía más obscuro el panorama.
Se desabrocho el fajo, bajo el cierre y con su mano saco su verga doblada por la ropa interior ajustada que llevaba. Era un pene de unos 20 cm con muy buena cabeza. Al instante que lo  vi lo saboree y lo llevé a mi boca.

Mi lengua bajaba y subía por todo su tronco. Lamia sus testículos los cuales tenían ese sabor tan peculiar que me fascinaba.  Estuve unos 20 minutos disfrutando de esa delicia hasta que un chorro abundante escupió en mi cara.