domingo, 26 de febrero de 2017

“La Iniciación Pornográfica”. Parte 2

Cuando terminé pude notar como mi corazón latía de una manera rápida,  y no era por el orgasmo, en esta ocasión mis latidos  eran   por una tremenda  adrenalina que me producía lo que  acababa de ocurrir en aquella habitación. Me sentía realmente satisfecho, fue una experiencia que me había fascinado. Me sentía sumamente sensual, deseado. La cámara en esos momentos fue como  mi amante, fueron unos instantes que siempre recordaré y más por lo que acarraría después.

Cuando mi corazón y mi excitación lograron calmarse lo primero que hice fue observar a Lalo. Buscaba en su mirada algún indicio de que mi acto inicial en el porno le hubiese gustado.
-Mi querido Roman, he encontrado a mi estrella del porno Gay. Eres fantástico, te aseguro  que haremos lodo contigo, les vas a encantar y sobre todo los vas a enamorar- añadió por fin Lalo después de un pausado suspiro acompañado de unas evidentes pupilas dilatadas.
-¿Y tú qué dices Arturo?, eres actor porno y tu opinión es muy relevante para mi, necesito dinero y quiero saber si aquí lo puedo encontrar- me animé a comentar después de que observé que Arturo no decía palabra alguna.

- Si, eres guapo y admito que quizá puedas pegar en esto-. Su  contestación al igual que su personalidad fueron muy cortantes y la verdad me lo esperaba por su cara que a simple vista se veía molesta. Me imaginé el motivo, y es que su pareja, Lalo,  no me observaba como uno más del montón de  esos “actores” dispuestos a generar ganancias en el mundo del porno. Definitivamente a Lalo lo  había hipnotizado y su mirada estaba cargada de lujuria hacia mí. 
Me pasó una toalla para limpiarme todo el fluido  que se había escurrido de  mí cuerpo, me indicaron donde estaba el baño por si quería lavarme. Después me vestí y con un tono entusiasmado les pregunté que seguía después.

-Ahora tenemos que ver el video y editarlo. Después de eso veremos los demás casting a detalle y te llamaremos para que conozcas con  quienes colaboraras en los videos.  Seguro te  vas a quedar, estas muy rico, Roman. Créeme que follaras con weyes riquísimos. Déjanos tú número telefónico y a más tardar el sábado de la próxima semana te llamaremos-. El comentario de Lalo me tranquilizó porque me sentí dentro del proyecto.

Bajé por las escalares rumbo a la salida y mis piernas temblaban cual becerro aprendiendo a caminar. Cuando salí a la calle la normalidad y cotidianidad del centro de Guadalajara continuaban. Frente a la casa de Lalo y Arturo se encontraba una cantina donde entraba mucho mayaton a beber cerveza después del trabajo. Un tipo robusto con una actitud muy femenina me vio y me gritó “¿te la chupo,  muñeco?, lo haré mejor que aquellas dos putitas, nene”. El tipo estaba muy borracho, sólo lo miré y seguí avanzando sin mirar atrás.

Me dirigí hacia el sur rumbo a mi casa. Aceleré el paso por que  se acercaba la hora de bañarme, perfumarme e irme a plaza tapatía a cubrir mi ronda nocturna.

Al llegar a mi casa Luna estaba  sentada en la sala leyendo una revista. Ella rentaba la habitación de al lado y desde que llegué ahí nos hicimos muy buenos amigos. Ambos estábamos locos, disfrutábamos de la vida sin tanta complicación que te vende la supuesta responsabilidad adulta. A los dos nos gustaba vivir al día dejándonos llevar por las sorpresas que pudiera traer cada mañana al salir el sol. O en mi caso al caer la noche, ¡esas aventuras eran mamadas nadita feas! , siempre me sorprendía con algo nuevo.

Luna era una chica verdaderamente hermosa a mi parecer. Tenía el cabello castaño y unos ojos marron  muy cristalinos acompañándose de una piel muy suave. Su personalidad era muy sexy, con cada paso y movimiento que daba desplegaba sensualidad. Su manera alocada de vestir, casi siempre de short y su cabello despeinado la hacían lucir como una chica rebelde con la cual no te debes meter en mal plan.

-¡No inventes, Roman!, ¡un tipo asesino a una mujer afuera de un café por qué no quiso ser su novia!.  De verdad que me caga en los ovarios este tipo de noticias, una y su cuerpo no pueden ser libres de mandar a la chingada a un wey.  Exclamo Luna.
Yo llevaba un poco de prisa por que se llegaba la hora de irme a trabajar por lo que sólo di un breve comentario de lo mal que me parecía esa situación, y no es que no me importará, si no que me encontraba bastante aturdido por lo que acababa de ocurrir minutos atrás en aquella casa con Lalo y Alberto.

-          ¡Me tengo que ir corriendo a cambiar porque se llega la hora de ir a sacar unos cuantos billetes esta noche!-, se lo dije en un tono un tanto preocupado.
-          ¡Ay  cabron!, no me gusta nada que peligres así tu cuerpo todas las noches, deberías conseguirte un trabajo menos riesgoso. Te quiero un chingo y cada noche me preocupas. Me preocupa que yo soy la que voy a tener que ir a reconocer tu cuerpo en plena madrugada, bien sabes lo que me cuesta levantarme de mi cama-. Lo dijo en un tono sarcástico y burlón acompañado de un sape.
-          Créeme, estoy a punto de encontrar algo mucho menos riesgoso. Muy pronto haré mucho más dinero sin exponerme “tanto”- se lo dije no muy convencido de lo que estaba diciendo.
-          ¿Enserio? Bueno, mejor ya vete a cambiar. Ya luego me platicaras a detalle de que se trata, aunque conociendo tu pendeja personalidad, será algo realmente atrevido e inquietante. Yo esta noche saldré con mi amor, iremos a beber unas chelas y de ahí yo creo que nos regresaremos a casa para  follarnos toda la noche-.
-          Esa Paula, contigo y tu cuerpo insaciable, seguro se da unos tremendos atascones. Bueno, me retiro, suerte esta noche. Te miro luego-.

Me dirigí rumbo  a mi cuarto. Tomé una ducha con agua caliente para recuperar energías y estar listo para follarme a unos cuantos weyes esa noche. Se acercaban algunos pagos muy fuertes por lo que tenía que darle prisa a mi profesión si quería cubrirlo todo.
En uno de mis cajones guardaba una bolsa con  condones que una de las asociaciones civiles que visitaban la zona nos obsequiaban. Tome una tira, la metí en mi bolsillo, use el perfume que me  encantaba para  las noches de ronda  y salí a toda marcha por la calle que me conducía directo a la plaza tapatía.

-¡Qué pedo cabrón!, es sábado y hoy desde las 6 sale chamba, apenas son las 9:30 de la noche  y ya llevo dos sor juanas papa!-. Con esa voz ronca me sorprendió Martín,  otro de los chambeadores nocturnos de la plaza con el cual había formado una gran amistad. Él era mucho más grande y fornido que yo. En muchas ocasiones él cuidaba de mí. Tenía una personalidad muy protectora y en especial conmigo que siempre me echaba ojo. En una ocasión un tipo se negó a pagarme y al reclamarle,  este me saco una navaja para amenazarme diciendo que cuando él quisiera metérmela yo tenía que estar “flojito y cooperando”. Martín al darse cuenta corrió al lugar con una piedra para darle directo en la cabeza y a la vez le dejo muy claro que en esa zona nadie se metía conmigo, que se largará y no volviera al lugar porque si no se iba a encontrar con una muerte provocada por la paliza que le iba a meter. 

- ¡Inche Martín no pierdes el tiempo!. A tu verga de seguro ya le sale pura leche en  polvo de tanto que te la han chupado hoy- Se lo dije chocando la mano en símbolo de camaradas.
Vi a mi alrededor y ya se encontraban todos los chicos del clan. Ahí habíamos formado una red de prostitutos los cuales nos protegíamos de las posibles agresiones de los vatos que sólo iban a asaltar y joder y de la policía misma que frecuentemente visitaba la zona para bajarnos feria o llevarse a uno que otro cabron a los separos.

Me senté en una de las bancas como de costumbre, cruce la pierna, extendí mis brazos y active mi mirada para pescar vatos que quisieran contratar mis servicios.
Ahí estuve unos 15 o 20 minutos cuando noté que un wey vestido con corbata, zapatos y pantalón de vestir llevaba unas  tres veces pasando por el pasillo que quedaba justo frente a mí. Él cada que pasaba me lanzaba miradas momentáneas.

-“Otro tímido por aquí. Otro con el que tendré que dar el primer paso”- pensé.
Me levanté de mi banca y me puse en uno de los pilares del pasillo. Espere a que diera la siguiente vuelta para abordarlo.

-¡Qué onda, Bro!, ¿tendrás un encendedor que me prestes?- le pregunté cuando al fin se acerco nuevamente por ahí.

-No traigo- contestó un poco nervioso.

-¿Y qué onda, que plan?, ¿te gusta el cotorreo de aquí?-. Pregunté el clásico que volvía discreta toda la situación y que para ese tipo de hombres que de seguro hasta novia tenían, funcionaba bastante bien.

-Si me late, por eso vengo esta noche, quiero ver que sale-.

-Mijo, pues ya te salió algo. Conozco un hotel acá a la vuelta el cual cobra 200 varos la habitación y como estas como me gustan, te dejo el servicio completo en 300 bolas. ¿Cómo ves?-.

-En realidad sólo quiero que me la chupen y aventarlos. Traigo coche, lo deje aquí a dos cuadras, ¿ahí te animas?, ¿Cuánto por eso?-.

Sabia del peligro que era subirse al coche de un wey,  y más eso de alejarme de la zona. En el hotel sabían del negocio y nos protegían por una breve comisión que nos pedían por llevar ahí a nuestros clientes. Ahí estábamos en un entorno de camaradería  y si algo malo  pasaba en chinga el recepcionista del hotel daba el pitazo para que el clan fuera a nuestro rescate.

Este wey me había parecido muy guapo y la neta eso me puso muy caliente. Al ver como se paraba su verga por debajo de esos pantalones que le quedaban ajustados seguro por unas piernas bien torneadas me excite mucho y ya estaba deseando llevarme a la boca ese miembro que Dios le había dado.

Termine por aceptar la propuesta y le dije que por eso le cobraba 200 varos. Le pedí que fuera adelantándose y que yo lo seguía. No quería que Martín se diera cuenta porque sabía de lo estúpido que era retirarse de ahí, y aunque él me hubiera cuidado las espaldas, preferí ahorrarme  su pinche regaño y sermón que me iba a soltar para obligarme a permanecer en la zona.

Mire que los compas  se encontraran distraídos y lentamente avance en dirección de mi cliente.

Era un coche del año que estaba estacionado sobre avenida República. Llegué y me subí. Le indique al  wey que avanzara  una cuadra arriba donde sabía que era obscura y solitaria para poder mamarsela sin molestias.


Nos estacionamos debajo de un árbol que hacía todavía más obscuro el panorama.
Se desabrocho el fajo, bajo el cierre y con su mano saco su verga doblada por la ropa interior ajustada que llevaba. Era un pene de unos 20 cm con muy buena cabeza. Al instante que lo  vi lo saboree y lo llevé a mi boca.

Mi lengua bajaba y subía por todo su tronco. Lamia sus testículos los cuales tenían ese sabor tan peculiar que me fascinaba.  Estuve unos 20 minutos disfrutando de esa delicia hasta que un chorro abundante escupió en mi cara.


No hay comentarios:

Publicar un comentario