jueves, 21 de julio de 2016


Trabajo Sexual Masculino: La Plaza Tapatía.

La plaza tapatía se  ha convertido en sinónimo de chacales, masculinidades y trabajo sexual. Ahí convergen generaciones, clases sociales y estilos de hombres buscando con quien interactuar de una manera secreta y sexual.

La plaza es una bonita zona en el centro de la ciudad de Guadalajara, a simple vista es como cualquier otra: fuentes, banquitas y niñ@s corriendo por todos lados. Se encuentra ubicada a espaldas del famoso teatro Degollado, lugar tan representativo de las Artes escénicas en Jalisco y México.

Cuando caminas por  esos rumbos, ante la mirada de familias se implementan códigos que sólo algunos entienden muy bien. Existen ciertos metros cuadrados donde todo esto puede cobrar sentido. “¿Te gusta el cotorreo?”, me dijeron alguna vez cuando me encontraba sentado en una de las bancas de la plaza comiendo mi nieve de limón. Eso del cotorreo es un código que sólo dentro  de  ese espacio y contexto adquiere un significado: quiere decir que si te late el sexo entre hombres, realmente la pregunta  refiere a un gusto por la aventura sexual que se puede dar  entre  dos penes y dos culos.

Un buen amigo me contó que años atrás la plaza tapatía servía como punto de encuentro para la socialización y convivencia. Ahí era un buen lugar para quienes no gustaban  del estridente ruido de los antros o bares asignados como lugares de ambiente  y preferían las buenas charlas con buenas amistades. Poco  a poco y gracias al acoso policíaco,  los círculos de hombres Gays  fueron arrojados a la tan conocida zona rosa del centro, donde la única opción se volvió la chela y la música a un alto volumen, quienes socializaban en grupos por  las calles se veían  estigmatizados. A mí no me crean lo anterior, esas son historias que me encanta recuperar de buenos amigos que  lo vivieron.

El territorio hoy en día sirve para el contacto  sexual y no sólo eso, ahora es un lugar  para quienes necesitan de recurso económico para cubrir sus gastos, tal y como lo cuenta  un hombre que alguna vez se encontraba vagando por la zona:

¨ No wey,  yo tengo otra chamba, sólo de vez en cuando le caigo por aquí para completar mi quincena porque me la chingo rápido con mi vieja”.

Aquí abundan los hombres que en su vida cotidiana llevan vidas heterosexuales pero debes en cuando se escapan a tener prácticas sexuales homo y el dinero es una buena motivación para tenerlas. Por lo general el perfil de quienes acuden a este espacio es el típico chacal, esa figura tan mencionada en la cultura gay de un hombre de un estrato socioeconómico bajo, una persona obrera con una masculinidad rígida y hegemónica que se puede llegar a convertir en la fantasía sexual de muchos.

El trabajo sexual  masculino  es muy interesante debido a que se ejerce con mucha discreción, ni siquiera es explicito como un hombre llega a ofrecerte sus servicios sexuales, las frases como  el “¿te gusta el cotorreo?”, “¿qué hay por hacer?”, “me late el pedo pero ando corto de varo”, son expresiones que  funcionan como herramienta de protección hacía la  masculinidad del individuo, ¡por qué claro!,  ¿a qué hombre le va gustar perder sus privilegios de macho alfa lomo plateado a causa de  que lo señalen por qué le dan por el culo o por que se coge con otros hombres?.

Al parecer dentro de la  plaza existen redes de prostitución, se puede observar claramente como entre ellos se  saludan, conviven y de cierta manera se protegen ante cualquier situación hostil que se pueda presentar. También vigilan el territorio y cuestionan a los hombres que nunca han visto por ahí o les parecen sospechosos.

Como en la vida sexual de los hombres, todo se encuentra  en constante movimiento: caminan por la plaza, se sientan en diferentes bancas, abordan a los posibles clientes con el mismo pretexto y preguntas llenas de discreción. Es una dinámica muy bien cuidada por si algún distraído que no sabe del tipo de “cotorreo” que se da por  ahí llegará a sentarse, y que evidentemente por no ser cómplice, denunciaría esa terrible violación y falta a la normatividad masculina con el tan temido “puto”, “joto”, “maricon”, todas esas palabras llenas de connotación negativa.

Esta plaza definitivamente es  un interesante espacio para un bonito análisis antropológico del comportamiento sexual de los hombres. 



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