CIBER SEXO: El Limbo.
Esta vez les contaré de un lugar donde la obscuridad le otorga a los cuerpos la
clandestinidad que inspira a perder las
inhibiciones e incita a actuar con mayor espontaneidad. Aquí la obscuridad es
convertida en una poderosa herramienta para
fortificar otros sentidos que logran saciar a los placeres masculinos.
Este sitio se encuentra por la calle
de Madero en el centro histórico de la conservadora Guadalajara, esta justo a un lado de un famoso club, de esos
donde las parejas alegremente intercambian sexo con otras personas. A tan sólo
dos locales de distancia está colocada una estructura de tres pisos que siendo
sinceros, no llama tanto la atención a primera vista como sus vecinos swingerse .
En la entrada no hay
ningún letrero, la fachada da un
aspecto de abandono, en la puerta
sólo se encuentra una pequeña cámara de video- vigilancia y un timbre que
es lo más llamativo si te encuentras en calidad de transeúnte que no sabe de esto, que no sabe
del “Cotorreo”.
Cuando tocas el
timbre y se abre la puerta mecánicamente, te das cuenta que acabas de ingresar a un espacio
lleno de encuentros anónimos y códigos secretos. También
te puedes dar cuenta que la zona en general no es muy limpia, el piso parece que lleva bastante tiempo sin trapearse debido a la cantidad de manchas de no se cuanto liquido pegajoso. En los costados se encuentra una diversidad de artilugios viejos y monerías dignas de un museo. Del lado
derecho se encuentra un cuarto con una
pequeña ventana de barrotes por donde se alcanza a ver un hombre de aproximadamente 60 años que
dándote las buenas noches y sin mucho entusiasmo te indica que le pagues $40.
00 pesos para colocarte una pulserita de papel.
Una vez con tu pulsera y con el corazón acelerado entras
por un pasillo que conduce a una puerta que termina con la luz. Al doblar por la
puerta te encuentras con cabinas cubiertas
por cortinas que contienen computadoras
dentro. Aquí es donde llegas a la parte
donde descubres que no estás en cualquier ciber donde puedes sacar
impresiones y consultar tu tarea.
Muchos hombres caminan
asomándose por las cortinas que se supone existen para dar una mayor privacidad, y eso por
supuesto no se respeta, ya que todos husmean un poco, o un tanto la acción que está ocurriendo dentro. Puedes darte cuenta que la bienvenida al lugar
es un festín del que muchos hombres son participes: Se masturban, practican sexo oral y los más
aventureros se animan a sostener sexo anal.
Al salir de esa habitación se encuentra un patio muy
parecido a uno de vecindad, con un lavabo y muebles muy viejos. Ahí está una puerta que te conecta con
el resto de edificio que por cierto es bastante grande.
Al ingresar por el patio te comunicas con otro pasillo muy largo con muchos muebles, al final se localiza una barra
donde venden chelas, agua y otros líquidos para hidratarte. Por cierto, también tienen música para
alegrar “el cotorreo”.
Cuando subes por unas
escaleras a los siguientes
pisos del edificio, te das cuenta de que entre más te vas sumergiendo en el lugar, el
nivel de intensidad aumenta en el ambiente.
Una vez en el primer
piso se encuentra una puerta que conduce
a una sala bastante grande con una banca
muy larga, ahí te recibe un caluroso golpe de aroma a genitales que parece darte la
bienvenida a un club lleno de placeres entre varones. Al estar ahí, y muchos
que conocen el lugar no me dejaran mentir, te puede llegar a la mente la película de
terror Silent Hill.
Al seguir con el recorrido digno de una visita
turística, las puertas y pasillos te siguen conduciendo a más pasillos y habitaciones con una tremenda obscuridad y silencio.
Existe un cuarto que yo le llamaría el corazón del lugar o de los placeres por la cantidad de encuentros sexuales que se
efectúan ahí, y porque está a la mitad del edificio. Ahí existen unas cabinas
como un pobre intento de haber querido
colocar computadoras para que pudiera dar mejor apariencia de Ciber, pero no es así, ahí la obscuridad concentra a la
mayor cantidad de hombres dispuesto a desfogar sus deseos sexuales con otros
hombres. Caminan sin decir palabra, se observan unos a otros y algunos llegan a
tocarse distintas partes del cuerpo como parte de un ritual de coquetería. Algunos descargan y dejan calientes a sus
compañeros sexuales, estos por supuesto siguen interactuando hasta lograr
saciarse sin importar la cantidad de hombres que se necesiten para llegar a
eso.
Este espacio lleno
de cabinas sin computadoras tiene otra puerta que conduce a otro cuarto mucho más
grande. Esta habitación me recordó mucho
a esos hospitales antiguos en donde tenían cuartos muy grandes con gran cantidad de camas para atender a muchos pacientes. Existen unas cortinas
azules muy rasgadas y llamativas que dan
un aspecto muy tétrico, ahí sin problema cualquier director de cine gore o de
terror grabaría una bonita escena.
Por todo el lugar recibes miradas, agarran tu pene y nalgas, se masturbaban por encima de la
ropa, otros hincados realizan sexo oral
como si fueran becerros desesperados por
leche. Los gemidos de pronto llegan a ser muy altos por la cantidad de orgias que se
acumulan a tu alrededor. En los siguientes
pisos (por qué siguen dos más), se encuentran habitaciones privadas con un
costo extra y hasta un vapor donde
saldrías con una bonita infeccion en la piel.
Este sitio de encuentros
o de CRUISING, refleja claramente la sexualidad de los varones y sus prácticas.
Los hombres son educados y construidos socialmente para tener una mayor apertura y goce de la sexualidad. A
lo largo de la historia se ha tenido la idea de que los instintos sexuales de
los hombres no pueden ser controlados por una supuesta “naturaleza” que los
obliga a no contener sus deseos sexuales.
Este tipo de espacios de interacción sexual entre hombres llevan valores, normas y
códigos de la masculinidad hegemónica en
combinación con la homofobia
existente en la sociedad, que por un
lado obliga a que estas prácticas se tengan en espacios clandestinos poco
regulados, y por otro lado las prácticas sexuales de riesgo derivadas de la
homofobia internalizada.
Las acciones y
socialización dentro del lugar son una clara muestra de esta mezcla entre la
construcción de la masculinidad y la homofobia: una fuerte impersonalización; se
vuelve al otro un simple objeto sexual,
el anonimato como herramienta para no ser descubierto por lo estigmatizador que puede
resultar la práctica sexual entre personas del mismo sexo, la exposición ante el no uso de preservativo, la
cantidad de encuentros sexuales que aumentan la posibilidad de adquirir una
infección de transmisión sexual y esa
sensación de adrenalina que se deriva de exponerse al riesgo, que al enfrentarlo
legitima el ser un hombre por que te convierte en un machín que se avienta ante
el peligro.
Es necesario voltear a ver estos lugares para generar políticas públicas
que regulen estos establecimientos para lograr llegar a convertirlos en lugares dignos de
socialización entre varones gay, homosexuales o de hombres que tienen sexo con
hombres.
En el Limbo
los hombres siempre permanecen
activos en el sexo y no precisamente porque les guste penetrar por el culo a otro, me refiero más bien a la increíble actividad sexual y a esa gran cantidad de intercambios que se dan en una sóla noche.

No hay comentarios:
Publicar un comentario