Mujer busca
Por Mariel Pérez Carrillo
Eran cerca de las 2:00 am y
me encontraba en Internet revisando anuncios sobre departamentos en renta, mi
contrato de 6 meses estaba por vencerse, debía prevenir. Es complejo esto de
las mudanzas; así que encendí un cigarro para acompañamiento durante mi
búsqueda, me concentre y comencé a mirar los anuncios. Después de un rato y
quizá por la candela de mi acompañante, me sentí acalorada. Por la mañana me había sentido igual pero
ahora que recuerdo tuvo otra razón. Súbitamente
me distraje pensando en aquella mujer con la que compartí el taxi cuando iba
rumbo al trabajo, desde que estiro la mano para hacer la parada me sentí
curiosa y en cuanto se subió, impregno el entorno con su perfume de jazmín y ya
no deje de pensar en cuales eran los secretos que escondí abajo esa falda satinada.
¡Qué hermosas piernas! ¿Qué hubiera pasado si discretamente hubiera rosado sus
muslos con mi mano? Y al hacerlo hubiera sido como pronunciar las palabras
mágicas que abrirían la puerta hacia la aventura de su piel, hacia el tesoro
más añorado, el más deseado. Comencé a imaginarme ahí junto a ella serpenteando
sus acaudaladas curvas, sosteniendo un primer beso en la comisura de sus labios
mientras mis manos emprendían el viaje por sus montes. Inesperadamente me salí
de mi éxtasis y regrese a mi realidad, apreté las piernas y di una bocanada
extenuante de nicotina ¡estaba tan excitada!, debía calmarme, observé como el
humo que salía de mi boca se estrellaba sobre el monitor y en cuanto comenzó a
desaparecer preste atención a las letras más pequeñas, dirigí mi vista hacia aquel
diminuto pero enigmático anuncio ubicado en la esquina inferior derecha de la
pantalla:
“Hola, tengo 35 años y quiero encontrar una alma real....
disfruto de ser sumisa y quiero vivirlo al lado de una mujer dominante...
mándame un mensaje si eres una mujer con ganas de desgarrarme la piel y el
alma”
-Disfruto
de ser sumisa… mándame mensaje si eres una mujer con ganas de desgarrarme la
piel y el alma…. – repetí en un susurro.
Apague
el cigarro. Por un instante todo se detuvo.
-Sumisa,dominante,
desgarrar, piel, alma…- repetía en mi cabeza.
Por
la mañana lo primero que hice fue encender la computadora y buscar el anuncio
¿Será real? Su usuario: Severina Von
Dunajew. Abrí la opción de mandar
mensaje, nunca antes había considerado algo así pero sentía una curiosidad
inexplicable y mientras parpadeaba el cursor para comenzar a escribir, un
círculo a un lado de su nombre se pintó de verde “Usuario activo”. Eso me dio
un arranque y ya sin pensarlo escribí.
-Hola
Pasaron
un par de minutos cuando escuche timbrar la computadora
-Hola SaraB ¿Quieres jugar conmigo?
-No
lo sé.
-Si
leíste mi anuncio, sabrías que “no lo sé” no es una respuesta aceptable.
Se
desconectó.¿Qué fue eso? Me quede desconcertada.Inexplicablemente pase todo el
día esperando a que regresara y nunca apareció.
Al
siguiente día estaba en el trabajo y no podía concentrarme. Me intrigaba saber
porque me había botado de esa forma. Sentía que no podía esperar más, además ya
no quería seguir reprimiendo mi deseo por las mujeres, quiero experimentar todo
con ella. Por la noche entre a la página y ahí estaba, usuario activo.
-Hola
-Hola
SaraB, ¿Quieres jugar conmigo?
-Si
-¿Alguna
vez has sido dominante con alguien?
-No
-Dame
un número de teléfono para llamarte en este instante.
-333-25-2586
No
paso ni un minuto cuando mi celular comenzó a vibrar. Sentí en el estómago una
sensación inexplicable.
-
¿Bueno?
-Hola
linda, soy yo.
-Hola,
¡eres real!
-Linda,
has algo por mí. Mañana ve al cruce de Alcatraces y Lirios en punto de las 12
del día. Cuando llegues mira hacia la pastelería que está en la esquina, ahí
estaré, me pondré una falda muy corta para ti, sabrás reconocerme. Todo el
tiempo estaré posando para ti. No lo olvides ¿Puedes hacer eso por mí?
-ah…am...
Si, si ahí estaré
-Gracias
hermosa. Que tengas una linda noche.
¿Qué
carajos fue eso? ¿Por qué dije que sí? Es que… su voz. Esa noche no pude
contener mi excitación y comencé a frotarme contra la almohada hasta soltar
toda mi humedad sobre ella, imaginando como seria estar con ella mientras me
susurraba al oído con esa su voz tan dulce y cachonda.
-Me
siento mal, tengo que irme a casa – Le dije a mi supervisora
-Pero
yo te veo bien Sara, ¿Qué te duele?
-Ando
mala de la panza y estoy en mi periodo, usted sabe de estas cosas
-Sí,
te entiendo, está bien puedes retirarte; pero te espero mañana sin falta ni
pretexto alguno.
Corrí
al tren, nada importaba. Iba como loca despavorida, en ningún instante sentí miedo.
Quería ir al encuentro y no sabía que iba pasar pero deseaba como nunca poder
estar cerca de ella.
Llegué
rayando las 12 del día, no encontraba la pastelería, miraba a todos lados en el
cruce que me indicó y no topaba con ningún negocio de pasteles. Busqué una sombra, me paré a observar con
detalle, ¡nada! di un respiro hondo y
entonces por inercia mire hacia el segundo piso de un edificio lleno de locales:
“Próximamente Pastelería Wanda” ¡Bingo! Y fue entonces cuando mis ojos se estrellaron
por primera vez contra su ser.
Ahí
estaba dándome la espalda, acomodando unos muñecos de cera en la vitrina, su
piel era morena, su falda se levantaba cada que se inclinaba y desde ahí pude
ver la línea donde empezaban sus nalgas. Su cabello era largo, ondulado y
negro, le llegaba hasta el comienzo de sus prominentes caderas. Pensé en correr hacia ella y en ese momento
noté que no estaba sola, había otras personas en el local. Puedo jurar que por
un instante la vi mirar hacia atrás sobre sus hombros y me quedé petrificada, se contoneaba por todo el
ventanal como una reina inalcanzable. Estuve mirándola sin pensar en cuanto
tiempo iba estar así, no sabía qué hacer, no me dio otra instrucción. Tampoco
supe en qué momento se fue de ahí, me fui cuando noté que pasó más de una hora
sin que se asomara por la ventana.
Me
subí al autobús para ir camino a casa y sólo podía pensar en tomarla frente
aquel ventanal que daba hacia la calle, levantarle la falda y acariciarle las
nalgas como una desquiciada. Ponerme de rodillas y mordisquearlas una a una
para después meter mi lengua entre esa grieta que las distingue una de la otra. En más de una ocasión me lleve la mano hacia
mi entrepierna para acariciarme discretamente mientras viaja en el frenesí de
estar con ella.
Al
llegar a casa corrí a la computadora, no estaba en línea. Llamé al teléfono del
que me había llamado la noche anterior, estaba apagado. Me hacía mil historias
en la cabeza pero lo que más me carcomía el cuerpo y la mente era ese deseo
impresionante de darme de frotes como una bestia descontrolada sobre su cuerpo.
Pasaron tres días sin saber de ella, no supe ni como pero acabe parada en aquella
esquina esperando toparla.
Me
veía como una loca, lo sé. Jamás hubiera imaginado estar en esa posición pero
no podía controlarme, no quería controlarme. Pasaron un par de horas cuando vi
la luz de la pastelería encenderse, mi corazón se agito, se me escapaba el
aire, rápidamente encendí un muerte-lenta y enfoque mi vista. Pasaron cerca de
veinte minutos y la luz se apagó de nuevo. ¡No es posible! Corrí sin mirar a
los lados de la calle, sentía que se me iba el alma. Alcance a ver su silueta
subirse a un automóvil color verde, pero no estaba segura que fuera ella. No podía creerlo, la tuve tan cerca y no pude
verla, estaba devastada.
Regresé
a la esquina, no quería ir a casa. No tenía sentido. Comencé a caminar sin
rumbo. Seguramente estaba enloqueciendo. Sí, eso debía ser.
Mi
teléfono comenzó a sonar, era ella.
-¿Bueno?
-¿Y
si levantas la mirada y te subes al carro conmigo?.
Ahí
estaba junto a mí, el automóvil verde, avanzando a mi lado. Caminé excitada
hacia su encuentro, abrí la puerta del automóvil como si al hacerlo le
estuviera entregando las llaves de mi cuerpo y ahí estaba esperándome con una
sonrisa retorcida.

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