domingo, 21 de agosto de 2016

Mujer busca
Por Mariel Pérez Carrillo
Eran cerca de las 2:00 am y me encontraba en Internet revisando anuncios sobre departamentos en renta, mi contrato de 6 meses estaba por vencerse, debía prevenir. Es complejo esto de las mudanzas; así que encendí un cigarro para acompañamiento durante mi búsqueda, me concentre y comencé a mirar los anuncios. Después de un rato y quizá por la candela de mi acompañante, me sentí acalorada.  Por la mañana me había sentido igual pero ahora que recuerdo tuvo otra razón.  Súbitamente me distraje pensando en aquella mujer con la que compartí el taxi cuando iba rumbo al trabajo, desde que estiro la mano para hacer la parada me sentí curiosa y en cuanto se subió, impregno el entorno con su perfume de jazmín y ya no deje de pensar en cuales eran los secretos que escondí abajo esa falda satinada. ¡Qué hermosas piernas! ¿Qué hubiera pasado si discretamente hubiera rosado sus muslos con mi mano? Y al hacerlo hubiera sido como pronunciar las palabras mágicas que abrirían la puerta hacia la aventura de su piel, hacia el tesoro más añorado, el más deseado. Comencé a imaginarme ahí junto a ella serpenteando sus acaudaladas curvas, sosteniendo un primer beso en la comisura de sus labios mientras mis manos emprendían el viaje por sus montes. Inesperadamente me salí de mi éxtasis y regrese a mi realidad, apreté las piernas y di una bocanada extenuante de nicotina ¡estaba tan excitada!, debía calmarme, observé como el humo que salía de mi boca se estrellaba sobre el monitor y en cuanto comenzó a desaparecer preste atención a las letras más pequeñas, dirigí mi vista hacia aquel diminuto pero enigmático anuncio ubicado en la esquina inferior derecha de la pantalla:
“Hola, tengo 35 años y quiero encontrar una alma real.... disfruto de ser sumisa y quiero vivirlo al lado de una mujer dominante... mándame un mensaje si eres una mujer con ganas de desgarrarme la piel y el alma”
-Disfruto de ser sumisa… mándame mensaje si eres una mujer con ganas de desgarrarme la piel y el alma…. – repetí en un susurro.
Apague el cigarro. Por un instante todo se detuvo.
-Sumisa,dominante, desgarrar, piel, alma…- repetía en mi cabeza.
Por la mañana lo primero que hice fue encender la computadora y buscar el anuncio ¿Será real? Su usuario: Severina Von Dunajew.  Abrí la opción de mandar mensaje, nunca antes había considerado algo así pero sentía una curiosidad inexplicable y mientras parpadeaba el cursor para comenzar a escribir, un círculo a un lado de su nombre se pintó de verde “Usuario activo”. Eso me dio un arranque y ya sin pensarlo escribí.
-Hola
Pasaron un par de minutos cuando escuche timbrar la computadora
 -Hola SaraB ¿Quieres jugar conmigo?
-No lo sé.
-Si leíste mi anuncio, sabrías que “no lo sé” no es una respuesta aceptable.
Se desconectó.¿Qué fue eso? Me quede desconcertada.Inexplicablemente pase todo el día esperando a que regresara y nunca apareció.
Al siguiente día estaba en el trabajo y no podía concentrarme. Me intrigaba saber porque me había botado de esa forma. Sentía que no podía esperar más, además ya no quería seguir reprimiendo mi deseo por las mujeres, quiero experimentar todo con ella. Por la noche entre a la página y ahí estaba, usuario activo.
-Hola
-Hola SaraB, ¿Quieres jugar conmigo?
-Si
-¿Alguna vez has sido dominante con alguien?
-No
-Dame un número de teléfono para llamarte en este instante.
-333-25-2586
No paso ni un minuto cuando mi celular comenzó a vibrar. Sentí en el estómago una sensación inexplicable.
- ¿Bueno?
-Hola linda, soy yo.
-Hola, ¡eres real!
-Linda, has algo por mí. Mañana ve al cruce de Alcatraces y Lirios en punto de las 12 del día. Cuando llegues mira hacia la pastelería que está en la esquina, ahí estaré, me pondré una falda muy corta para ti, sabrás reconocerme. Todo el tiempo estaré posando para ti. No lo olvides ¿Puedes hacer eso por mí?
-ah…am... Si, si ahí estaré
-Gracias hermosa. Que tengas una linda noche.
¿Qué carajos fue eso? ¿Por qué dije que sí? Es que… su voz. Esa noche no pude contener mi excitación y comencé a frotarme contra la almohada hasta soltar toda mi humedad sobre ella, imaginando como seria estar con ella mientras me susurraba al oído con esa su voz tan dulce y cachonda.
-Me siento mal, tengo que irme a casa – Le dije a mi supervisora
-Pero yo te veo bien Sara, ¿Qué te duele?
-Ando mala de la panza y estoy en mi periodo, usted sabe de estas cosas
-Sí, te entiendo, está bien puedes retirarte; pero te espero mañana sin falta ni pretexto alguno.
Corrí al tren, nada importaba. Iba como loca despavorida, en ningún instante sentí miedo. Quería ir al encuentro y no sabía que iba pasar pero deseaba como nunca poder estar cerca de ella.
Llegué rayando las 12 del día, no encontraba la pastelería, miraba a todos lados en el cruce que me indicó y no topaba con ningún negocio de pasteles.  Busqué una sombra, me paré a observar con detalle,  ¡nada! di un respiro hondo y entonces por inercia mire hacia el segundo piso de un edificio lleno de locales: “Próximamente Pastelería Wanda” ¡Bingo!  Y fue entonces cuando mis ojos se estrellaron por primera vez contra su ser.
Ahí estaba dándome la espalda, acomodando unos muñecos de cera en la vitrina, su piel era morena, su falda se levantaba cada que se inclinaba y desde ahí pude ver la línea donde empezaban sus nalgas. Su cabello era largo, ondulado y negro, le llegaba hasta el comienzo de sus prominentes caderas.  Pensé en correr hacia ella y en ese momento noté que no estaba sola, había otras personas en el local. Puedo jurar que por un instante la vi mirar hacia atrás sobre sus hombros y me quedé  petrificada, se contoneaba por todo el ventanal como una reina inalcanzable. Estuve mirándola sin pensar en cuanto tiempo iba estar así, no sabía qué hacer, no me dio otra instrucción. Tampoco supe en qué momento se fue de ahí, me fui cuando noté que pasó más de una hora sin que se asomara por la ventana.
Me subí al autobús para ir camino a casa y sólo podía pensar en tomarla frente aquel ventanal que daba hacia la calle, levantarle la falda y acariciarle las nalgas como una desquiciada. Ponerme de rodillas y mordisquearlas una a una para después meter mi lengua entre esa grieta que las distingue una de la otra.  En más de una ocasión me lleve la mano hacia mi entrepierna para acariciarme discretamente mientras viaja en el frenesí de estar con ella.
Al llegar a casa corrí a la computadora, no estaba en línea. Llamé al teléfono del que me había llamado la noche anterior, estaba apagado. Me hacía mil historias en la cabeza pero lo que más me carcomía el cuerpo y la mente era ese deseo impresionante de darme de frotes como una bestia descontrolada sobre su cuerpo. Pasaron tres días sin saber de ella, no supe ni como pero acabe parada en aquella esquina esperando toparla.
Me veía como una loca, lo sé. Jamás hubiera imaginado estar en esa posición pero no podía controlarme, no quería controlarme. Pasaron un par de horas cuando vi la luz de la pastelería encenderse, mi corazón se agito, se me escapaba el aire, rápidamente encendí un muerte-lenta y enfoque mi vista. Pasaron cerca de veinte minutos y la luz se apagó de nuevo. ¡No es posible! Corrí sin mirar a los lados de la calle, sentía que se me iba el alma. Alcance a ver su silueta subirse a un automóvil color verde, pero no estaba segura que fuera ella.  No podía creerlo, la tuve tan cerca y no pude verla, estaba devastada.
Regresé a la esquina, no quería ir a casa. No tenía sentido. Comencé a caminar sin rumbo. Seguramente estaba enloqueciendo. Sí, eso debía ser.
Mi teléfono comenzó a sonar, era ella.
-¿Bueno?
-¿Y si levantas la mirada y te subes al carro conmigo?.
Ahí estaba junto a mí, el automóvil verde, avanzando a mi lado. Caminé excitada hacia su encuentro, abrí la puerta del automóvil como si al hacerlo le estuviera entregando las llaves de mi cuerpo y ahí estaba esperándome con una sonrisa retorcida.

-Hola, ¿Quieres jugar conmigo? – me dijo.




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